Trigger warning, el “comiendo chorizo” es eufemismo para “empotrada por un semental”.
Testimonios reales directos en tu móvil, chollazos y ofertones aquí — https://whatsapp.com/channel/
El fin de semana pasado mi sábado empezó como siempre, por lo general duermo hasta tarde, después hago ejercicio y por ultimo las compras, que como muchos, hago las compras de los diferentes productos en lugares diferentes. Después de pasar por el Lidl, mercadona, fui por las verduras y carne en un puesto pequeño de mi barrio donde siempre voy. En el de las verduras no pasó nada extraordinario, en la carnicería paso de todo.
Como os he dicho antes, había estado todo el día sin parar así que estaba en mi ropa de deporte, y posiblemente se me notaba bastante de donde y de hacer que venía. El carnicero (nuevo porque tengo más de un año comprando ahí y no lo había visto antes) estaba re bueno. De esos tíos que se le nota que vive en el gimnasio. No más de verlo te das cuenta de que es su prioridad número uno en la vida. Y me lo hizo saber bien pronto.
Mientras le pedía mis cortes de carne, me preguntó si venia del gimnasio a lo que para hacerle el cuento el corto, le dije que sí.
La cosa comenzó inocente, mientras me preparaba el pedido me preguntó también que cuales ejercicios había hecho y que músculos había trabajado. Intente explicarle de forma muy paupérrima porque si hay algo que no soy es una gym rat, trato de no tener mi culo pegado al sofá por demasiado tiempo y a eso se reduce mi meta física.
Ahí la cosa se tornó un poco tediosa porque empezó a explicarme por qué lo que había hecho estaba mal, y procedió a darme una serie de recomendaciones e instrucciones que no podría recordar ni que mi vida dependiera de ello.
En serio, ponme una pistola en la cabeza en este momento y no podría repetir las palabras que me dijo, tendrías que jalar el gatillo.
Cuando terminó con el manexplaining, me dio mi orden, pagué y me disponía a irme cuando me ofreció (con la excusa de que entendiera uno el movimiento de los ejercicios que me había dicho) mostrarme un video de el mismo en el gimnasio. Comprobé que sí, que estaba bueno, muy bueno. Después de ese video vino otro, y otro y otro, ahí se nos fue media hora conversando y deleitándonos ambos con el culo de mi amigo carnicero. Las imágenes se iban poniendo más y más calientes a medida que él las pasaba, y ya en la penúltima le vi claramente el paquete erecto a través de una mínima tanga de esas que usan los fisiculturistas, porque obviamente, compite.
A ese punto ya todo estaba muy claro y muy caliente, me dijo que tomara su número para que pudiese hacer los pedidos a domicilio cuando lo necesitara y el me lo llevase a la casa. Obviamente se lo di, me escribió esa misma tarde y nos vimos esa misma noche, y fue así como ese sábado de marzo salí a comprar carne y terminé comiendo chorizo magro.