Hace unos años hice  un viaje con mi pareja a Italia. Fue el mejor viaje de mi vida, no sólo por las ganas que tenía de ir allí, sino porque lo hice en un momento de mi vida en el que todo era perfecto, no existían  las preocupaciones, acababa de conseguir el trabajo de mi vida, todo el mundo a mi alrededor estaba bien… Vamos, que disfruté de la tranquilidad de viajar por gusto y sin nada en la cabeza.

A pesar de todo lo bueno  que me llevé fue un viaje corto, ya que tenía apenas 5 días y quise exprimir hasta el último segundo.  Viajamos a 2 ciudades diferentes, y los últimos días los pasamos en Roma. Allí hicimos las excursiones típicas pero concentradas en un solo día para poder aprovechar otro disfrutando de los paseos por todos sitios y ninguno.

Ese día empezamos haciendo visita guiada al Vaticano. Allí conocimos a Alejandra, una chica que venía desde Argentina y que nos estaba contando que era la primera vez que venía a Europa. Pasamos con ella toda la visita y decidimos ir a comer juntos, ya que por la tarde coincidíamos en la visita que teníamos contratada en el Coliseo.

Y eso hicimos. Nos sentamos a comer en un restaurante cerca de donde nos recogería el transporte y nos pedimos unas cervezas. Mientras comíamos y nos contábamos un poco quiénes éramos, qué hacíamos y por qué habíamos decidido visitar Roma, Alejandra nos contó su historia.

Había venido a Italia ella sola, pero no se marcharía así.

Hacía ya unos años que Alejandra había roto su relación con una pareja que había durado un par de años. La relación se rompió sin rencores, simplemente porque de repente sus caminos ya no eran los mismos, aunque según ella nos contaba, en el fondo nunca había podido olvidarlo del todo.

El caso es que él siguió su vida, y empezó una nueva relación. Le iba muy bien con esta chica, habían hablado incluso de formar familia y ese verano iban a casarse.

Unos 15 días antes de la boda, ella lo dejó por otro. Él, que llevaba unos días volviendo a hablar con Alejandra, le contó lo que había pasado. No era algo que se esperase, ya que la relación parecía ir bien entre los dos y nada le había hecho sospechar. Todo lo referente a la boda estaba preparado y ya no podía recuperar el dinero. No es que eso fuera un problema para él, ya que tenía un buen trabajo y una buena posición económica, pero no podría recuperar el dinero invertido en la mayor parte de las cosas que tuvieran que ver con el enlace. Además de eso tenía un viaje de 15 días por diferentes sitios de Europa, con todos los gastos pagados, vuelos, hoteles…todo! Y ahora ese viaje iba a hacerlo solo, había decidido que por lo menos no perdería el viaje aunque no fuese acompañado…

Lo que no se esperaba Alejandra es que él le propusiera a ella aprovechar esa plaza libre en el viaje. Según ella, la proposición vino acompañada de una declaración de intenciones en las que él aseguraba que no encontraría nadie mejor con quién compartir ese viaje y ya que todo estaba pagado ella no tendría que asumir ningún gasto, algo que por otro lado no podría permitirse.

Lo único que tenía que hacer era reunirse con él en Venecia, y a partir de ese momento empezarían el viaje por Europa juntos.

Alejandra no quería aceptar, se sentía mal por no poder aportar ni un solo euro a ese viaje y por estar ocupando el lugar que debería estar ocupando su ya mujer, además de que en varios lugares muchas de las reservas estaban hechas para una pareja de recién casados, con lo que eso supone en cuanto a decoración y detalles románticos se refiere. Pero, la oportunidad de viajar por Europa a ese nivel no la tenía al alcance de la mano. Debía decidirse pronto, así que dejó el orgullo atrás y se lanzó a buscar la manera más rápida y barata de llegar a Venecia. Aprovechó y decidió pasar 2 días en Roma antes de encontrarse con un nuevo destino.

Cuando nos separamos de ella, era un amasijo de nervios que estaba dispuesto a disfrutar del viaje de novios que siempre había soñado, solo que iba a hacerlo con su ex.

 

Escrito por Kerasi.