No quiero que mi novio venga a todos mis planes. Y el tuyo tampoco.
Está genial que tu pareja conozca a tus amigas, que encaje con tu grupo, que se tome algo con todas sin que nadie sienta que hay un invitado raro en la mesa. Pero una cosa es que pueda venir y otra muy distinta que tenga que venir siempre.
Hay planes que son de amigas, punto
No porque tramemos nada, ni odiemos a los novios de nadie, sino porque hay conversaciones que cambian cuando hay pareja delante. Si una amiga quiere contar algo íntimo, desahogarse de su relación o hablar de algo muy suyo, necesita sentir que está en confianza de verdad. Y esa confianza no se improvisa porque tú digas: «tranquila, que mi novio es como una más».
No, Mari Carmen. Tu novio no es como una más. Es tu novio. Le caemos bien, seguro, pero no forma parte de todos los códigos ni de todos los silencios raros que ha vivido ese grupo.
Por eso hay que poder decir algo tan sencillo como «cariño, hoy me apetece ir sola», sin drama, sin caras, sin explicaciones eternas. No querer que tu pareja venga a un plan no significa quererla menos ni apartarla de tu vida. Significa que sigues teniendo una vida con espacios propios: amigas, conversaciones que no son compartidas, planes en los que te apetece estar sin ir mirando si él se aburre o encaja.
A veces no pinta nada ahí
No pasa nada por decirlo. Hay cenas donde suma, viajes donde tiene todo el sentido, y también hay tardes en las que ese señor no tiene nada que hacer entre cinco amigas que quieren hablar de sus cosas mientras él mira el móvil deseando irse a casa.
Puede que ni él quiera ir. Puede que vaya solo porque le pones cara de «claro que vienes, ¿no?». O porque habéis montado esa dinámica en la que todo se hace en pack y ya nadie sabe salir por separado sin que parezca raro.
Pues igual toca desmontarla.
De «quiero que conozcas mi vida» a «tienes que estar presente en cada parte de mi vida» hay un salto que no debería darse. Y esto también va al revés: a ti tampoco te apetece siempre ir con todos sus amigos, sentarte en una mesa donde no pillas las bromas y sabes que estarías mejor en tu casa. Eso tampoco significa quererle menos.
Dependencia con buena prensa
Habría que revisar, en general, por qué a algunas parejas les cuesta tanto separarse unas horas. Por qué hay que justificar salir sin el otro. Por qué todavía se vende como ideal eso de «vamos juntos a todas partes» cuando muchas veces no es amor, es dependencia con buena prensa.
Estar bien en pareja también debería incluir estar bien por separado. Porque cuando una relación ocupa todo, también se lo come todo: tus amigas, tus planes, tu manera de estar en el mundo sin esa persona al lado. Y si un día se rompe, ahí viene el golpe: miras alrededor y no sabes muy bien dónde estás, porque te fuiste metiendo en sus planes y dejaste los tuyos en pausa sin darte cuenta.
Se puede querer mucho a alguien y aun así seguir teniendo una mesa donde sentarte sin él.
Así que si llevas a tu novio a todos los lados, pregúntate por qué. Porque si es porque no sabes ir sola, porque te da cosa decirle que no o porque crees que las parejas lo hacen todo juntas, igual hay algo que mirar.
Y si eres tú la que siempre aparece con el novio pegado, también te lo digo con cariño: pregunta antes. No conviertas cada «vente» en un «veníos». A veces queremos verte a ti. Solo a ti. Sin que nadie tenga que medir lo que cuenta ni cortar el cotilleo pensando: «otra vez ha venido».
Y si no eres capaz de decirle a tu pareja «hoy me voy sola» sin sentir culpa, revisa. Y si tu pareja no es capaz de escuchar eso sin enfadarse, revisa más. Ahí hay algo que no está funcionando.
No quieres menos a tu pareja por querer ir sola a algunos sitios. Quieres seguir siendo tú. Y eso es necesario.
Ana Hernández González
