Estoy harta de Adele.

No por Adele en sí misma, qué va. Estoy hasta las narices de las noticias que salen una y otra vez en los medios sobre ella.

Porque no ha sacado nuevo disco, ni single, ni una colaboración.

La noticia es que Adele ha adelgazado sesenta y cinco kilos (entre cuarenta y cinco y setenta, según la publicación y el lío que se hayan hecho con la conversión kilos-libras).

Que no le quito mérito, ni mucho menos, es digno de admiración. Puede que incluso digno de ser noticia. Una vez. Adele ha perdido peso, está estupenda y se la ve feliz. Chimpún.

Chimpún

Pero no, los sesenta y cinco kilos que ha perdido van a ser noticia uno a uno, o lo mismo en paquetitos de cien gramos.

Adele sube una foto en chándal. ¡Miren lo que ha adelgazado Adele! Se va de viaje a una isla. ¡Madre mía qué delgada está Adele! Se pone el mismo outfit que otra celebridad. ¡Lo que se ha puesto Adele, y le queda bien! Se disfraza para el carnaval de Notting Hill. ¡Adele en bikini! ¡De triángulo!

Es como si estuvieran esperando a poder decir: uy, parece que Adele está volviendo a engordar, eh… Si es que ya se sabe, cuando tienes tendencia al sobrepeso…

Y es así siempre porque, al parecer, ser gordo es un delito que no prescribe y por el que cumples condena toda tu vida.

Es una gran G escarlata que debes portar bordada en la pechera de tu ropa ancha.

Porque no ‘estás’ gordo, sino que ‘eres’ gordo, y el gordo no se va cuando adelgazas. Se queda ahí, al acecho, acosándote, amenazando con volver. Es visible para los demás, como si fuera un halo que rodea tu cuerpo más delgado, dándole la forma del gordo que has sido y que te empeñas en ocultar con esa ropa de talla ‘normal’.

¿Cómo te atreves? ¿Eh? ¿Cómo osas?

Puedes pesar lo que quieras, vamos a recordarte en la cifra más alta que haya marcado tu báscula por el resto de tus días. Tiraremos de archivo las veces que haga falta para poner imágenes del antes y el después. Si en las fotos sales comiendo, mejor que mejor.

No olvidaremos jamás.

Lo sabemos, no olvidan.

Que se lo digan a Rosa López, otra cantante gorda que insiste en estar delgada desde hace casi veinte años. No hay programa al que vaya, o entrevista que le hagan, en la que no le saquen el tema y le pregunten cuál es su dieta y qué deportes practica para mantenerse así.

La cosa es tan heavy, que afecta a los hombres también, aunque sea en menor medida. Véase por ejemplo a Chris Pratt, uno de los chicos Marvel más cañón, que cometió el error de no estar totalmente fit todos los días de su vida, razón por la cual con cierta frecuencia los medios nos recuerdan lo rellenito que estaba antes de prepararse para dar vida a Star-Lord.

¿Por qué pasa esto solo con la gordura?

Nadie le echa en cara durante años a los calvos que antes tenían pelo. Ni siquiera si se hacen un injerto y de repente vuelven a tener pelassso. Hay burla y mofa, por supuesto (no perdamos la oportunidad de unas risas, válgame el cielo), pero terminamos por perdonarlo y olvidarlo.

Puedes ponerte tetas, culo, pómulos, pegarte las orejas de soplillo, corregir dientes torcidos, lo que sea. Menos adelgazar drásticamente si te hemos conocido gordo.

Joder, si es que hay famosos que se han hecho tantas cosas que, si mantienen algún parecido con sus familiares, es por pura casualidad o debido a que frecuentan al mismo cirujano plástico.

 

Adele era guapa cuando estaba gorda y es guapa ahora que está delgada, pero lo importante es que esté bien de salud y que sea feliz, coño, eso es lo que importa.

Adele es cantante, vive de su voz, no de su cuerpo.

Celebremos que haya logrado su objetivo de ponerse en forma, asumámoslo y pasemos página, por favor.