Padres y madres fallan desde el momento en el que deciden tener hijos. O no están preparados, o no pueden proveer con todo lo que necesitan sin ayuda o han escogido a parejas afuncionales para reproducirse, haciendo desgraciadas sus vidas y las de su progenie.
Luego fallan continuamente en la crianza, y tengo una ristra de ejemplos a mi alrededor para ilustrarlo:
- El que grita y reprende por cualquier cosa que hace su hijo, ¡de 3 años!
- La que dice abiertamente que la maternidad es una puta mierda delante de su hija adolescente.
- La que se escandaliza por todo y prefiere no abordar ningún asunto sobre sexualidad con su hija.
- El que lanza sus soflamas antiinmigración y luego se extraña de que su hija le diga a otro niño: “Tú no eres como nosotros”.
- La que cuestiona TODO lo que hace la profesora y da máxima credibilidad a su hijo.
- La que chantajea emocionalmente a su hija adolescente todos los sábados para que no salga y se quede en casa con ella, que quiere dormir tranquila.
- El que prioriza el trabajo y apenas pasa una tarde a la semana completa con su niña pequeña.
- El que le ha regalado a su hijo de 8 años un modelo muy reciente de iPhone.
- Los que le ponen a su hija vídeos en bucle para charlar tranquilamente con sus amigos cuando salen a tomar algo, y salen todos los días.
- El que siempre sale solo y deja en casa a su mujer y a su hija.
- El que siempre deja a su hija y a su mujer discutir, sin mediar ni involucrarse en nada.
- La que está “picada” con otras madres del colegio y quiere demostrar continuamente que su hija es la mejor y tiene lo mejor.
La poca gente que lo hace bien, o lo intenta, arrastra culpas igual. El tiempo que no se está preguntando si lo hacen bien o mal, están criticando a otros padres por hacerlo mal.

Estas cosas las cuento aquí para desahogarme, jamás le he cuestionado a nadie nada en cuestiones de crianza directamente. Solo participo en discusiones generales sobre este o aquel tema No estoy para hablar por un hecho obvio: no soy madre porque no quiero, pero también porque no tengo aptitudes mínimas para cuidar de nadie y porque me aterra el futuro. No puedo cocinar tres días seguidos sin tirar de comida a domicilio, y mi salud mental pende de un hilo. No estoy para criticar, así que esto está motivando un cambio en mi percepción y en mi actitud.
Seamos realistas, hay padres y madres indolentes que no deberían haberse reproducido y que le van a generar traumas a los futuros adultos que son sus hijos. Pero la mayoría de la gente no lo hace mejor porque no puede.
No se hacen más presentes en las vidas de sus hijos porque es imposible conciliar. Porque tienen horarios maratonianos y, aún así, no llegan a fin de mes.
No se involucran más en los problemas de sus hijos porque esas jornadas maratonianas les generan un desgaste emocional y mental incompatible.
No mejoran métodos de enseñanza porque no los conocen, solo reproducen lo que a ellos les enseñaron.
No cambian el modo en que interactúan con sus hijos porque reciben mensajes contradictorios: desde “Dales mucho amor y sé siempre respetuoso con ellos” a “Estamos criando a pequeños tiranos intolerantes al ‘no’ que no sabrán lidiar con las frustraciones”. Porque todo el mundo opina (opinamos) sobre crianza a cada momento.
Es posible que una solución sea dejar de percibir la crianza como algo exclusivo de madres, padres y, en menor medida, las personas que se dedican a la docencia. Dejar de quejarnos de la crianza tan pobre que reciben los niños de hoy y asumir que también tenemos un papel en esto, incluyendo a quienes hemos decidido no reproducirnos.
Habrá que hacerse presentes en las vidas de familiares adultos que decidieron ser padres y tenderles una mano, porque el egoísmo y la falta de educación de la que tanto nos quejamos es lo que ven. Y no solo observan a sus padres, también observan al resto de adultos. Así que tendremos que convertirnos en referentes sin pretender sustituir a padres y madres, dejar la hostilidad y parar ya esta polarización social exasperante que es el verdadero mal ejemplo.