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Adelgazar nunca es una venganza

Vamos a ponernos en situación, vas navegando por diferentes webs cuando de pronto un artículo llama tu atención “Su esposo le fue infiel, ella planeó una muy grande venganza”, te metes sabiendo ya que eso huele a chamusquina (pero la curiosidad mató al gato) y descubres que Andrea descubrió que su pareja le engañaba y, según dice la publicación “su esposo infiel la abandona; en lugar de llorar se pone más bonita”. Pues no señores, adelgazar nunca es una venganza y artículos como estos son una mierda absoluta. 

Venganza

Primero, ¿por qué damos por hecho que lo que no disfrutará más por dejarte es solo físico? Cuando queremos enseñarle a alguien “lo que se ha perdido” y recurrimos solo al plano estético estamos cayendo en el error de valorarnos por nuestro peso. Nosotras (y nosotros) somos mucho más que un número en la báscula. Puede que Andrea sea una chica inteligente, o graciosa, o bondadosa… Me cuesta creer que en su momento su pareja se casara con ella solo por su físico, seguro que hubo más cosas que le atrajeron. Y reducirlo todo al peso es reducir a una persona totalmente.

Segundo, ¿por qué una venganza? Ya es suficientemente duro que te engañe alguien en quien confías para que lejos de intentar recuperarte del shock, además tengas que ponerte a planear una venganza. Este tipo de publicaciones solo alimentan el odio, cuando lo primordial es pasar página, aprender a estar solo de nuevo y, por encima de todo, entender que es el otro el responsable del engaño, que tú no tienes culpa de su decisión (y mucho menos tu físico) Para mí no hay motivos para la infidelidad. ¿Que mi cuerpo ya no te atrae? Es lo que hay, eres libre de pedir que nos separemos para buscar otra cosa. ¿Que tengo una personalidad manipuladora y no me soportas? Venga, pide los papeles del divorcio. ¿Que tú lo que quieres es “mambo” cada noche y te digo que estoy cansada? Sí, puedes buscarlo fuera, pero tras ser sinceros con lo que buscamos cada uno y acordar el fin de nuestra relación. Un matrimonio no tiene por qué ser de por vida, pero el respeto debería serlo. El contrato legal se puede romper, pero la confianza nunca debería hacerlo.

Tercero, si adelgazas, que sea por ti. Y este es el mensaje más importante. Cambiar no es malo. Pero si lo haces ha de ser porque tú quieras, no por restregarle nada a nadie. Y que conste que esto se puede aplicar a muchísimas cosas: estudia medicina porque quieres tú, no porque lo desea tu padre; ten un hijo porque lo ansías, no porque te lo dicta la sociedad para que no se te pase el arroz, etc. Tenemos que tomar nuestras propias decisiones y de ahí que me saquen de mis casillas este tipo de publicaciones que alimentan la idea de “si a Fulanito no le gustas es por gorda”, “si Fulanito se ha ido es por tu culpa”. Si Fulanito te quiere lo hará con tu mal humor mañanero o con tus kilos de más. Si no, es que no es el Fulanito que te mereces. 

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