Testimonio anónimo:

Me reincorporé al mercado de la carne 3 meses después de haber atravesado la más infernal de las rupturas. Conocí a un chico musculoso de apariencia masculina, con el que no tenía mucho en común, pero parecía ser el candidato perfecto que podía ofrecerle a mi resentida autoestima: un tour por la Cuenca profunda y un poquito de regalo de oreja.

Tras cuatro cafés con su cigarrillo a medias y los pertinentes revolcones adolescentes entre calada y calada: llegó la hora de la verdad.
Tengo que decir que en mi mente ya me había hecho una idea preconcebida de lo que nuestro encuentro sexual tendría que ser (sí, soy de las que se creen todo aquello de la relación directa que existe entre el tamaño del pie/nariz/dedo gordo y el pene).

Al desvestirse fue mi sorpresa lo único mayúsculo que había en la habitación, estaba muy poco dotado y toda su corporalidad no hacía más que contrastar la faena.

Ojo, no es que tenga muchas experiencias sexuales, pero las suficientes para haber comprobado empíricamente que el tamaño puede ser importante. Y este día lo fue. Mucho.
Porque no solo no andaba muy bien servido de «amor en barra», tampoco sabía como utilizarlo.
Se desplomó sobre mí cual saco de patatas marcándose un misionero de más de 45 minutos en los que a mi mente pudo viajar. Viajó mucho.
Una eternidad.

Quien más, quien menos, todos hemos pasado por una experiencia sexual que nos ha traumatizado de por vida (os sorprendieron sus padres, su tatuaje te impidió concentrarte, el lugar no fue especialmente idílico, tenía filias raras e inesperadas…).
¡Folladrama!
¡Exorciza tu polvo más desastroso! ¡Ríete (por no llorar) de aquel «Follodrama»! :

Escríbenos a [email protected] utilizando como asunto: «Follodrama» contándonos de manera anónima (o no), la experiencia sexual que peor te haya tocado la patata. ¡Cuantos más detalles, mejor!
Follodramatizarlo es cuanto menos, una manera elegante de contar a los cuatros vientos que aquello fue un desastre.

Cada semana elegiremos un testimonio de todos los que nos enviéis, y Ana Belén Rivero lo garabateará.
¡Queremos conocer tu Follodrama!