En este momento vital tan fascinante que es la soltería estoy descubriendo las maravillas más maravillosas del sexo. No es por dar envidia, pero los orgasmos han llamado a mi puerta y yo he abierto de par en par. A lo mejor pensáis que soy una sobrada, pero amigas, he estado años en una relación con sexo supermierdero que consumió cada gota de mi autoestima. El universo me debe felicidad y me la está dando en forma de orgasmos.

Conocí a Luisfer en una fiesta. Él era amigo de uno de mis colegas y cuando le vi por primera vez no pude evitar flipar en colores. Miré a mi mejor amiga con cara de “tú-has-visto-a-ese-tío-me-he-muerto-resucítame”. Era guapísimo, os lo juro. No exagero cuando digo que me pareció el tío más atractivo de la fiesta por no decir el tío más atractivo que había visto en años.

Empezamos a hablar y la conexión fue brutal, pero al acabar la fiesta cada uno se fue a su casa y todo quedó ahí. Yo pensaba que sería una anécdota más hasta que me habló por WhatsApp. Le había pedido mi número a su amigo y quería saber si era inapropiado hablarme o si quería seguir conociéndonos. Hablamos durante días y volvimos a quedar en persona. Bailamos, reímos, bebimos y nos besamos. Durante semanas nos dábamos el lote en cada rincón de la ciudad. Era mágico.

Un día me invitó a su casa y allí sucedió la magia, pero antes de empezar a desnudarnos me miró muy serio y me dijo algo que me quedó marcada:

“Yo antes tenía otro cuerpo diferente y bueno, tengo bastantes estrías en los brazos. Igual no te gusta, si quieres me quedo en manga larga.”

Y justo en ese momento me di cuenta de que todas y cada una de las veces que habíamos quedado el llevaba manga larga pese al calor.

Le miré a los ojos, sonreí, le besé y le quité la camiseta. Acaricié con mis manos y mi lengua sus brazos y admiré su cuerpo, que para mí era perfecto. Tuvimos sexo brutal y seguimos repitiendo porque para mí Luisfer es mucho más que un polvo de una noche.

No logro entender como alguien tan atractivo se siente tan inseguro, pero lo que sí he descubierto es que Luisfer es un reflejo de mis inseguridades en muchos aspectos. Yo me he sentido así. Me he ocultado, he tapado mi cuerpo y he intentado camuflar todo aquello de mi misma que no me gustaba. Tardé mucho tiempo en sentirme empoderada y nunca tuve a nadie que me apoyase. Quiero que se vea con mis ojos para descubrir que es una obra de arte y que sus estrías son preciosas igual que él.

 

Anónimo

Envía tus movidas a [email protected]