El mundo de las citas ya es lo suficientemente complicado como para tener que agregarle mi extraño combo de «pezones post-apocalípticos» al mix. Sí, has leído bien, no es que no tenga pezones del todo, pero después de una cirugía reparadora, digamos que quedaron… diferentes. Muy diferentes. Ni color, ni sensibilidad, ni la estética que una ve en las pelis. Y claro, a la hora de quitarse la camiseta en una cita cochina, pues la cosa se pone interesante. O rara, o ambas, según se mire.
Os cuento: la primera vez que me topé con este dilema fue con un tal Alberto (nombres ficticios). Habíamos pasado de los mensajitos hot a mi cama, y yo pensé: “Bueno, quizá ni se fije”. Error. Alberto bajó la cabeza hacia mi pecho y de repente se quedó más tieso que un palo. Su cara era como si intentara descifrar un jeroglífico. No sabía si besar, lamer, o qué demonios hacer. En ese momento me soltó: «¿Esto… es normal?». Tuve que explicarle toda mi batalla hospitalaria y aquello pasó de calentorro a la seriedad de un capítulo de Carles Porta. Obviamente, Alberto no fue el más valiente de los guerreros y se fue con más dudas que ganas.
Luego estaba Rubén. Con Rubén, al menos me ahorré la parte de la sorpresa. Le conté antes de quedar que mis tetas tenían el «modo rareza activado», y pensé que eso lo disuadiría, pero no. Cuando llegó la hora de la verdad, bajó la cabeza, miró, y lo primero que soltó fue: «¡Hostia, parece arte abstracto, mola!». Y claro, yo ahí pensé: «Rubén, te agradezco el intento de ponerle humor, pero en vez de Picasso, ¡céntrate en ser un poco más Miguel Ángel, y mete algo de mano, por favor!». La cosa mejoró respecto a citas anteriores porque al menos culminamos.
Pero el momento cumbre fue con Pablo. Pablo tenía esta energía tipo «yo soy diferente a los demás, yo te entiendo», que muchas veces termina siendo igual que el resto pero con discurso. Cuando llegó el momento de quitarnos la ropa se puso en plan filosófico. Miró mi pecho, suspiró y me dijo: «Esto no cambia nada, la belleza está en el interior». Yo pensando: «Este lee WeLoversize» JAJAJA Con pablo quedé varias veces porque en realidad era majo, las cosas como son.
En resumen, chicas, mis pezones no tienen ni color ni sensibilidad, pero eso no significa que yo no sienta. He aprendido a reírme de la situación porque al final del día si alguien no puede con unas tetas singulares, pues no es para mí. Que bastantes cirugías, miedos y lágrimas he tenido como para ahora cargar con inseguridades que no son mías.
Porque oye, no tener pezones «normales» me ha enseñado que lo normal es solo una etiqueta, y yo estoy aquí para romperlas todas.
Perri
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