Team sangre, la dura realidad
Soy del team sangre y a mucha honra. Ya sabrás que hay dos tipos de pene: de carne y de sangre (que también tienen carne, claro está). En el primer caso, lo que ves flácido es lo mismo que vas a ver cuando esté erecto. En el segundo, puedes ver el pene de un niño y a medida que se anima convertirse en una polla más que considerable. ¿Todo claro hasta aquí?
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El problema reside en que los del team sangre necesitamos una estimulación algo más duradera en el tiempo para que el líquido vital haga su función de llenar los cuerpos cavernosos del pene. Cuando estás con alguien, te animas y te baja los calzoncillos, lo más habitual es que piense que vaya decepción. Es normal. Ver un pene de cinco centímetros no le gusta a nadie y menos todavía si está flácido. Siempre se piensan que tengo micropene y que hay médicos muy buenos que podrían ayudarme.
Las personas que deciden aguantar el tirón por vergüenza torera terminan comprobando que aquello crece poco a poco y que llega a tener un grosor y una longitud que suelen superar la media. Es entonces cuando se ponen a disfrutar y a pasárselo en grande. Lo malo es que no es fácil encontrar a quien decide aguantar hasta el final y se van antes. Como si de una buena película se tratase, ¡peor para ellos y ellas!
Otro problema que tenemos es el del tamaño de los preservativos. Si el largo entra dentro de la media, siempre se piensa que un preservativo estándar te va a ir bien, pero no es así. De hecho, es muy frecuente terminar con el pene morado, totalmente dormido y con serios problemas para retirarlo porque una vez que la sangre entra y se detiene el retorno venoso por la base del condón, el dolor no tarda en aparecer. Por ello, compañeros de equipo, os recomiendo los preservativos XL al ser más anchos y molestar mucho menos.
También me gustaría comentar el nivel de dureza que adquiere el pene cuando llega al máximo de la erección. Es una verdadera roca que puede mantenerse así durante más de media hora. Evidentemente, cualquier pareja aprovecha esa ocasión para tener sexo en distintas posturas, pero aparte del dolor, es frecuente marearse ligeramente al centrarse la circulación en un único punto. Además, se recuerda que no por estar como el acero es lícito masturbar el pene a lo bestia para ver si así pierde su dureza. Sigue siendo de carne, como dije antes, y duelen muchísimo los tirones innecesarios y los intentos por aumentar la fricción a lo bestia. Un poco de lubricante es siempre un gran aliado. Tenerlo a mano es sinónimo de ir suavizando la piel y de conseguir siempre la lubricación exacta para que la penetración sea mucho más fluida.
Por lo tanto, amigo o amiga, la próxima vez que conozcas a alguien y veas que su pene es demasiado pequeño, pregunta si pertenece al team sangre porque te espera una sesión de sexo que no tardarás en querer repetir. Ni el mejor de tus consoladores va a poder ofrecerte tanto placer, tanta densidad y tanta batería para rellenar el espacio que más te guste al menos un par de veces (todo dependerá de la pericia del compañero).
¿Que prefieres el team carne? Pues perfecto también. Lo anterior era solo para que supieras cómo se siente un hombre con un pene de sangre y cuáles son las claves para que todo sea mucho más fluido en la cama. Compruébalo personalmente y ya nos contarás cómo te ha ido. ¡Feliz polvo!