Provengo de una familia común, clase baja-media. Mi padre es el que trabajaba y mi madre se ocupaba de limpiar, cocinar, remendar y limpiar algún portal en B. El dinero no nos sobraba, pero tampoco nos faltaba.
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Cuando tuve 16 empecé a tener una fase un poquito rebelde. Yo quería salir con mis amigas, comprar una cajetilla de tabaco o beberme un cubata, pero mi paga solo daba para unas pipas. A día de hoy parece lo lógico, al final solo tenía 16 años, pero eran otros tiempos. Con 17 mi padre me propuso que si tanto quería tener una paga más alta, me pusiese a limpiar portales como mi madre, para que viese lo que se tarda en ganarlo. Así lo hice, mientras estudiaba COU, por las tardes empecé a limpiar portales, después escaleras, los cristales de algunos comercios… cada vez iba ganando más clientela, y ya no solo me pagaba mis vicios, también ayudaba en casa.
Al finalizar ese año, decidí hacer un FP en administración, estaba trabajando de algo que aparentemente hacía muy bien, ¿por qué buscar un trabajo cuando podía ser yo mi propia jefa?. Un par de años más tarde, con el FP terminado, decidí hacerme autónoma y llevar yo misma mis papeles. La demanda cada vez era más grande, por lo que decidí alquilar una pequeña oficina como sede y hacer contratos pequeños a otras limpiadoras. La primera persona a la que contraté fue a mi madre.
El día que mi empresa cumplió 10 años, la plantilla era de 38 empleadas. Yo ya hacía unos años que no necesitaba limpiar, teníamos unas tarifas un poco altas, pero la calidad del servicio avalaba el precio. Ser empresaria tiene también sus partes malas. Lidiar con las comunidades de vecinos, con disputas entre empleadas, incluso con el sindicato porque vieron a una limpiadora subida a una escalera (a la que nadie le mandó subirse, pero eso es otra historia), etc.
Había concretamente una empleada que si no estaba en la zona que le interesaba se iba antes del portal u oficina que le tocase. Ella quería la zona donde vivía para evitarse los desplazamientos, que a veces podían ser de una hora. Algo de lo que absolutamente nadie se quejaba porque esa hora era remunerada y contaba como hora trabajada. Aun así, ella prefería trabajar donde vivía o darme un problema. Cuando tocó la rotación de zonas anual, decidí ponerla en la zona que me pedía, la de su casa. ¿Pude haberla despedido por absentismo o no cumplir las tareas? Sí, podía, pero esa empleada era mi madre.
Un día llamé a mi padre para preguntarle por el repuesto de mis llaves de casa. Me dijo que fuese a la suya y me las dejaría en la cocina. No llamé a mi madre porque en ese momento estaría trabajando a casi 1km de casa. Mi sorpresa fue llegar a la cocina y encontrármela haciendo la comida. No había excusa posible, yo misma llevo los avisos de baja, permisos, etc. Se había pirado de su puesto de trabajo. Tuve que despedirla. Esto era ya un cachondeo.
Me gritó de todo mientras me iba de su casa, después las llamadas de mi padre… esto era un sinvivir. Al final tuve que ponerme seria. A los 17 me mandaron a trabajar para ganarme el dinero, mientras que ahora que les ofrecía un puesto estable preferían robarme. Mi madre era la culpable sí, pero mi padre era cómplice.
Hablé con todas las comunidades, oficinas y portales a los que iba mi madre. La mayoría afirmaban que iba, pero no a la hora acordada. Si la ruta estaba organizada de 07:00 a 15:00 ella hacía de 09:00-11:00 y de 16:00 a 21:00, cuando el horario de salida para todas es a las 18:00. Aun así, nadie se quejaba de su trabajo. Todo lo contrario, muchas comunidades pidieron volver a tenerla. Al fin y al cabo mi madre era del barrio, mientras ella limpiaba, charlaba con los vecinos.
Después de infinidad de noches sin dormir, decidí llamarla para proponerle volver a la zona en la que estaba, con el horario a elegir siempre y cuando lo cumpliese. Por supuesto, con la obligación de informarme de ausencias. Desde ese momento tuve que instalar los fichajes con ubicación en sus teléfonos de trabajo, pero al menos ahora ya volvemos a trabajar más tranquilas.
Siempre que tiene la oportunidad me recuerda que tener dinero me hizo peor hija. Aunque se le olvide de que a ella peor madre.