Todo aquel que haya trabajado en comercios de cualquier tipo, desde la Frutería Pacorro hasta la boutique pasando por la oficina de seguros, sabe que SIEMPRE hay un pesadito que se empeña en hacerte alargar la hora. El que llega a la tienda cuando estás echando el cierre con el “perdona, ¿estáis cerrando?” y pretende colarse bailarse el limbo, el que se pone a contarte toda su vida mientras apagáis las luces o el que directamente se piensa que no va con él, y mientras te ve recoger, él sigue a lo suyo. En algunas tiendas grandes suele haber un aviso por megafonía del tipo “estimados clientes, vamos a cerrar en diez minutos.

 

Les rogamos que finalicen sus compras cuanto antes”, pero en los sitios pequeños esto se hace de forma más artesanal: 

-Inducir al cerebro al sueño. Sí, sí, como a los niños, que cuando va llegando la hora de dormir les vas hablando más bajito, vas apagando todas las luces y les dices que la tele y los juguetes tienen sueño y se van a dormir. Aquí se trata de apagar la música si la hay, de ir cambiando la iluminación a una más tenue o directamente apagar zonas enteras. 

-Cierre de sistemas. Muy práctico en las oficinas. Como un cuarto de hora antes del cierre, tú ya vas apagando el ordenador y ordenando tu mesa, de manera que si entra un pesado de esos que como no tienen vida se dedican a jeringar la de los demás, puedas decirle sin mentir que lo sientes mucho, peeeeeeeero que ya tendrás que atenderle mañana, que ahora no tienes sistemas. Como claro, siempre protestan, porque tu deber es estar ahí atendiendo hasta las ocho, les recuerdas que no es un proceso que domines tú; el ordenador central programa el apagado con quince minutos de margen sobre la hora de cierre para poder prevenir fallos. 

-Sacar la escoba. Literal. Y esto ya es movimiento hardcore, porque implica ponerte a limpiar y ordenar, de manera que si alguien tiene en las manos algún producto que esté mirando, SE LO QUITAS. Tal cual. Puedes decirle “perdón”, pero le quitas lo que sea, ya sea un paquete de arroz o un vestido de novia. Si quería comprarlo, que hubiera venido antes. Os podéis imaginar cómo se ponen algunos, que si yo vengo aquí a gastarme el dinero y me tratáis así, que si vaya forma de tratar al cliente… Se les contesta moviendo la escoba en su dirección para hacerles salir. 

-Contestar. Una de las más satisfactorias. Es una continuación de la anterior. Si uno es prudente o no quiere meterse en jaleos a las tantas de la noche, cuando el cliente se queja porque le hemos quitado de las manos el paquete de galletas que ya no va a comprar porque la caja se ha cerrado, puede decir simplemente “sí, señor; sí, señor” y seguir a la suya. Pero si le apetece, puede contestar algo como “perdón, señor, pero hemos cerrado ya. Tendría que haber venido antes. Igual que usted tiene una casa y una vida privada, resulta que yo también, y quiero irme a ella”. Antes de que lo digáis: no, no puedes poner una reclamación contra alguien por marcharse a su hora y recordarte que están cerrando. 

Normas básicas para que, como cliente, cosas así no te pasen nunca: no se dejan las cosas en un estante diferente al que las encontraste; no se deja la ropa hecha un burruño, tirada en el suelo ni sin doblar, Y NO SE ENTRA A NINGÚN COMERCIO CUANDO FALTA MENOS DE MEDIA HORA PARA CERRAR. Gracias.