Os vengo a dejar una de mis primeras andadas por los lares de las apps de ligoteo.

Empecé en Adopta un tío, de donde salió mi primera pareja, pero eso es otra historia…

El caso que yo conocí a un chico por allí, muy majete, muy de buen ver y con un pronóstico bastante favorable.

Y oye, a los días de hablar decimos ir a cenar y él me propone que suba a su piso compartido y se marca alguna currada en la cocina. Y a mí, que se me gana por el estómago más que por ningún otro lado, emocionada de la vida con el plan.

Así que llega ese viernes por la noche, y al subir ya veo cosas que no me acaban de cuadrar. Un piso viejo, nena pero viejo viejo viejo, con muebles de tatarabuelo y con un olor a rancio increíble. El chaval era el de las fotos, pero de verdad que el ambiente era bastante catastrófico.

Total, que el chico cocina bien y la cena estuvo entretenida, pero al acabar me empieza a explicar que en el curro ha conocido hoy a una clienta de la que se ha quedado enamorado, que le ha pedido el teléfono y me pregunta que si le echo una mano porque no tiene muy claro como hacer y que no sé qué y… y yo como ¿Cómo se hace el qué? ¡Si nos hemos conocido por internet!

A ver, que yo ya estaba viendo que aquella quedada no iba a ser una de estas de manual, pero de aquí a convertirme en doctora amor rodeada de gotelé pues…

En fin, que entramos al cuarto y tenía la mítica silla de “gamer”, un pantallazo más grande que mi ventana y un HURÓN encima de la cama. UN HURÓN. Sí, el animal.

hurón
HOLI

No os digo como olía la habitación gracias a la mascotita, pero cada vez más, aquello me estaba empezando a asustar un poquito.

Pues no era ninguna broma lo que me había comentado antes, no. Me enseñó a la chica, me puso canciones que estaba pensando mandarle y me llegó a explicar como estaba  planeando la primera cita con su nuevo amor.

Así que hermanas, había llegado el momento de felicitarle por la cena, coger la puerta y despedirme de él, su maravillosa casa y del hurón, que me llevó un par de días quitarme el olor de la ropa.

Marta Mareas