Tipos de ‘amigos invisible’ y polémicas derivadas
Pasan los meses y el ‘Amigo Invisible’ de las últimas Navidades sigue protagonizando alguna que otra conversación. Ese “inocente” juego navideño que decidiste proponer a los compis de la oficina o con tu grupo del colegio. ¿En qué jodido momento se te ocurrió semejante sugerencia? Iba con buena intención, pero ahora -justo cuando estás pensando más en el sol y la playa- aún te salpican comentarios derivados de aquel caos.
Tipos de ‘Amigos invisible’
Antes de continuar, quiero aclarar el término ‘Amigo Invisible’ por si hay alguna despistada en la sala o fuera de España el jueguito -de las narices- tiene otro nombre: se trata de un juego en el que un grupo de personas se reúne y se asignan mutuamente a alguien a quien deben regalar sin revelar su identidad; cada persona saca al azar el nombre de otra persona del grupo y suele tener un límite de gasto para los regalos. El objetivo es sorprender a quien se le está haciendo el regalo y celebrar la amistad.
Pero, aunque la premisa es positiva, no siempre sale bien. Analicemos el tipo de personas con las que puedes tropezarte:
- La del presupuesto cerrado (¡cerradísimo!): antes de sacar siquiera el nombre de su amigo invisible, ya está dejando bien claro el límite presupuestario. Además, hace hincapié muchísimas veces en que se trata de un presupuesto cerrado, no un máximo: “Vale, ¿15 €? ¿Todas de acuerdo? No se trata de hacer un regalo de ‘hasta’ 15 €, sino de hacer un regalo ‘de’ 15 €. ¿Os ha quedado claro?”. Las reglas bien explicadas que luego vienen los dramas.
Por supuesto, no todas cumplen lo estipulado: encuentras a las que se pasan tres pueblos ya las que no llegan ni a la mitad del camino.
- La inconformista por naturaleza: digas lo que digas, te lo va a rebatir. Si se establece un presupuesto de 10 €, le va a parecer poco; pero 20 € será mucho. Esta persona necesita opinar e imponer su criterio, sí o sí. Una vez establecidas las normas, tampoco parece estar contenta con su ‘Amigo Invisible’ y te presiona para cambiártelo.
- La cotilla pesada: aún tú no has descubierto el nombre que esconde tu papel, pero ella ya está sacando cavilas por las dobleces del folio de quién te pudo tocar. Una vez te cercioras de tu ‘Amigo Invisible’, inicia una persecución agotadora para saber quién le tocó a quién. Con el Excel abierto, te ejecuta todo el organigrama.

¿Qué regalamos?
Los regalos son el epicentro de los problemas. Tienes a quienes opinan que deben regalarse accesorios útiles, tipo neceser, botella de agua reutilizable o material de papelería; en el lado contrario, encuentras a la que considerada que el ‘Amigo Invisible’ está para comprar caprichos, aquello que el beneficiario de tu regalo jamás se compraría; también hay el que cree que los regalos deberían “fabricarse” artesanalmente; y, por supuesto, el que apuesta por la broma.
Esto genera desavenencias. La que necesitaba la botella de agua reutilizable para el gimnasio y acaba con una ruleta rusa de chupitos, quizá no se lo toma del todo bien. El que esperaba el último best seller que aún no había podido comprarse y recibe un collar de macarrones, tampoco.

La fatal consecuencia
Por norma general, pocas personas suelen acabar satisfechas con su amigo invisible y, cuando descubren de quién se trata, buscan vengarse el año siguiente. Se inicia así un bucle infinito de participación comprometida en un juego odioso que mueve la mierda de un lado al otro.
¿Y tú? ¿Qué experiencia puedes compartir de jugar al ‘Amigo Invisible’? A mí, mi suegra, una vez me regaló unas braga-faja con el comentario: “Así escondes un poco la lorza”. Al par de años, me tocó a mí su nombre y le regalé un tapón de bañera con una caca flotante. Puro amor, amigas.
Anónimo