Estoy viviendo una situación peculiar con mis tíos que está a punto de partir la familia en dos. La mía es una de esas historias de herencias que, a pesar de ser frecuentes y comunes, siempre generan la misma reacción: “A nosotros eso no nos va a pasar”. Pero sí, pasa incluso en las familias más unidas.

Mis abuelos murieron hace mucho sin ser demasiado mayores aún. Para cuando murió mi abuelo, después de años viudo, mi tío ya tenía el diagnóstico de una enfermedad neurodegenerativa que le acompañaría lo que le restara de vida. Pero, por entonces, nadie vio conveniente tener una conversación sobre la vivienda familiar, en la que se quedó viviendo solo mi tío ya enfermo.

Hasta el momento, mi tía se ha sentido cómoda con las decisiones que ha ido tomando en la vida. Es ama de casa sin hijos y tiene un marido con buen salario, así que nunca ha soportado la escasez. De hecho, hace unos años adquirieron una residencia vacacional y allí se escapan casi todos los fines de semana.

Todo empezó a torcerse cuando las discusiones con su marido comenzaron a ser frecuentes, hasta el punto de plantearse la separación. Pero sus condiciones materiales de vida dependían por completo de él, ella no tenía nada ahorrado y, a su edad y con achaques, tampoco se ve en trabajos físicos ni aprendiendo una nueva profesión.

Desde su punto de vista, la solución estaba clara: o marcharse a vivir a casa de sus padres o venderla y, con el dinero, juntar un colchón mientras redirigía su vida. ¿El problema? Que en casa de sus padres vive su hermano mayor, enfermo y sin dinero.

Todos tenemos problemas

Creo que, a fuerza de experimentar el malestar de su día a día, mi tía se ha ido envenenando poco a poco contra su hermano. Sin querer, probablemente, lo ha erigido como el culpable de sus problemas. Cuando hablas con ella, te traslada el mismo mensaje: que la casa también es suya, que tiene derechos, que su hermano ha tenido tiempo de buscar soluciones, que ha podido ahorrar y que, igual que él tiene problemas, ella también los tiene. Irse a vivir con él le suena a broma de mal gusto. Tienen caracteres incompatibles, sabe que sería la que más cerca estaría en caso de urgencia o necesidad del otro y, además, la casa necesitaría una reforma que ninguno de los dos puede asumir.

Mi padre está en medio de los dos. Está apenado por la situación e intenta mediar, pero no sabe cómo, así que trata de rehuir el conflicto. A pesar de ello, no deja de vivir situaciones desagradables. La última fue tras una intervención médica a mi tío. Mi tía fue a verlo a casa estando mi padre allí, pero apenas le preguntó por su salud. Le dijo que seguía esperando una solución para la casa e instó a mi tío a ir decidiendo si quiere vender e irse a un centro de mayores o si le da su parte. La separación de su marido no la ha vuelto a plantear, parece que el problema ya no es ese. Ahora, simplemente, quiere su parte.

Yo controlo post

En definitiva, por un lado tenemos a un hombre en edad de jubilación, enfermo, necesitado de atención continua y que ha vivido toda la vida en casa de sus padres. Por el otro tenemos a una mujer que pasa la mediana edad, sin recursos propios y en un matrimonio que no la hace feliz. ¿Qué solución hay? ¿Quién tiene razón? ¿La tiene alguien? Ni siquiera sé si es importante saber quién la tiene, ni hasta qué punto las circunstancias de cada cual serían relevantes si tiene que recurrir a abogados o jueces.

Cuando se trata de supervivencia, nadie conoce a nadie. En caso de sensación de necesidad extrema o de urgencia, aquí cada perrito se lame su rabito sin importar en qué condiciones dejamos al de enfrente, sea tu mejor amigo, tu hermano o tu madre. El clásico “o ellos o yo”.

Yo no tomo parte en la historia porque entiendo las circunstancias de ambos y creo que los dos tienen parte de razón. Pero, viendo cómo se encuentran personas tan cercanas a mí, extraigo varios aprendizajes de todo esto. Lo más relevante es la importancia de intentar asegurarnos buenas condiciones materiales cuanto antes y de manera individual, para no depender de nadie. La vida puede torcerse en cualquier momento y vivir de otros, o de lo que construyeron otros, no parece buena idea a largo plazo. Nunca se sabe qué puede pasar, ni si lo que has construido llegará a ser suficiente en caso de necesidad. Pero, lo que esté en tu mano, soluciónalo ya. Quizás sea la futura relación con tus seres queridos lo que está en juego.