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Todas las cosas guays de dormir en un hotel

Lo que más mola de pasar la noche en un hotel (si es por ocio, claro… que si es por temas laborales todo mola un poco menos) es que te saltas tu rutina y la mayoría de las veces es porque estás de vacaciones, escapada o lo que sea… pero hay otras cosiñas así más concretas que molan mogollón y para muestra un botón en forma de lista (que ya sabéis que me gusta a mi una lista):

Las almohadas. Sí, amigas, poder elegir entre una carta de almohadas es un must absoluto y ojalá fuera lo común en nuestras vidas porque una almohada molona lo puede cambiar todo.

Las sábanas. Con esto de los edredones nórdicos y tal se nos ha olvidado el gustito que dan unas sábanas planchadas, con bien de almidón y una locura de suaves.

Marujear sobre el resto de los huéspedes e inventarte historias locas sobre sus vidas.

El desayuno buffet. Ya hemos hablado varias veces de lo felices que nos hace este tipo de desayunos de vez en cuando y es la guinda del pastel de unas minivacaciones en condiciones. Luego ya está el tema de la siesta post desayuno… ¡TODA LA FELICIDAD!

La temperatura ambiente. Y es que si eres una persona que, como yo, raciona la calefacción (porque, joder, qué cara está la electricidad ¡me cago en todo lo que se menea!) ir a un hotel y poder pasearte en culos por la habitación es el fucking paraíso.

El block de notas y el boli con publicidad del propio hotel que misteriosamente siempre acaban en el bolsillo interno de tu bolso Y TAL.

Si vas en pareja toda la emoción de follar en un contexto nuevo y con una intimidad que, si vives en familia, hace tiempo que no disfrutas (guiño-guiño). Porque normalmente las paredes están insonorizadas y de no ser así te la suda porque tus vecinos son personas desconocidas.

El servicio de habitaciones. No lo he usado nunca, pero me parece lo más llamar por teléfono, pedir un lo que sea y que te lo suban en un carrito/bandeja. La fantasía de ser estrella del pop, supongo.

La fantasía de la televisión con todos esos canales hablando en idiomas extraños.

Las cositas del baño. No sé vosotras, pero yo tengo una mini colección de mini tallas de baño de los diferentes hoteles en los que he pernoctado. No son muchas, pero suficientes como para tener recuerdos bonitos. Por no hablar de esas duchas ultra calientes con efecto sauna sin pensar en que en cualquier momento puede empezar a salir el agua fría y quedarte pajarito (esto mejor hacerlo muy de vez en cuando que no es muy sostenible que digamos… pero ¿y lo que mola darte el lujo?). Además si, como yo, no tienes bañera, es el momento de aprovechar para darte un buen baño con sales y relax total.

Abrir el minibar, ver todas esas minicosas, fantasear con comértelo todo y ya está (porque son prohibitivas).

Colgar del pomo de la puerta por fuera el cartelito de “NO MOLESTAR” y lo feliz que nos hace esta chorrada.

Y por supuesto hacer la coña de las gemelas de El Resplandor por los pasillos del hotel.

 

 

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