Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Buenas,
Os sigo y leo las historias de las lectoras desde hace años dado que muchas veces me siento identificada o bien aprendes mucho.
En mi caso, soy una mujer de 44 años que viene de una familia pija y adicta a la delgadez. Lo delgada que estés va directamente asociado a tu estándar social y lo que vales, sobre todo si eres mujer. Solo te dirán que guapa vas o que guapa eres si eres delgada, aunque seas fea. Su ideal es Victoria Federica.
Siempre me han hecho y me hacen comentarios que suelo capear mejor o peor dependiendo de mi día…
Pero en diciembre de 2019, en una reunión familiar pre-navideña en casa de mi prima, nada más llegar a la casa, su marido (que es médico) me hizo comentarios con toda su buena intención del nuevo medicamento llamado Ozempic y de lo bien que me vendría probarlo para bajar lo que me sobra y que es muy fácil y te quita el ansia de comer… bla, bla, bla… Para colmo él delgado precisamente no es, pero como siempre, un hombre puede darte lecciones. Yo me quedé helada dado que no me lo esperaba tan pronto y de esa manera tan frívola y delante de todo el mundo. Sonreí y asentí y me fui al baño a esconderme y hacer respiraciones para no ponerme a llorar y que me bajaran las pulsaciones, y para luego no ser una borde.
Pasó la velada bien, pero cuando llegué a casa bastante pedo, me puse a desahogarme en Instagram y colgué una breve story comentando lo que había ocurrido sin ser consciente de que más de un familiar mío podría verlo y asociarlo, aunque no di nombres ni datos muy concretos. Al poco, en menos de 1 hora, lo borré porque me di cuenta de que no sería bueno mostrarme tan sensible y la gente encima me criticaría, y sobre todo mi familia.
Pues demasiado tarde: la hija de mi prima, de veintipocos años, hizo captura de pantalla y se lo pasó a su madre y, por lo visto, la story rodó por WhatsApp por varios familiares. Mi prima me escribió días después superofendida y encima diciéndome borderías y llamándome maleducada cuando no di nombres ni hice nada tan horrible. Ni siquiera se puso en mi lugar, ni me pidió perdón, ni me dijo nada empático. Fue a machete.
Le respondí al WhatsApp después de flipar en colores y traté de hacerlo calmadamente. Le dije que yo no lo veía así y que a mí esos comentarios, viniendo de alguien que me ve una vez al año y no me conoce en absoluto, me ofendieron. Que sentía lo que había hecho y que por eso lo había eliminado ipso facto.
Pues nada. A día de hoy no hemos vuelto a hablarnos y ha tratado de no coincidir conmigo en las reuniones y, si coincidimos, a veces ni me saluda, en plan ofendida. Lo flipante es que muchos de mis familiares están de su lado sin siquiera haberme preguntado a mí, y hasta mi madre y hermanas se enteraron por terceros porque yo no lo comenté con nadie y encima se avergüenzan de mí y de lo que hice porque ya no nos invitan a la fiesta de Navidad y me culpan a mí de haber roto la familia.
Este año sí hacen una fiesta como antaño en su casa para toda la familia, pero a mí no me han invitado directamente y desde luego no me apetece ir dado que estoy más gorda aún que en 2019. Si voy seré el comentario y si no voy se lo tomarán a lo mejor como ofensa… ¿No sé?
No puedo entender que se haya ido de madres tanto algo tan absurdo, y que mi prima, 15 años mayor que yo, podía haber pasado por alto y no trasladarlo a toda la familia y ponerla en mi contra por sentirme herida. Que a día de hoy se siga comentando esto como si hubiese matado a alguien. Estoy harta de tener que callarme siempre. Me parece tristísimo.
¿Alguien me puede dar su opinión de qué haría y sobre todo ánimos?
Besos
