Hace unas semanas conocí a un chico en una cena con amigos, y después de charlar un montón durante la noche, empezamos a quedar. Desde el principio hubo bastante conexión, conversaciones fluidas, risas, complicidad…parecía una de esas veces en las que sientes que todo encaja sin esfuerzo. Aparentemente era de esos chicos que parece ser todo lo que una quiere. Dulce, atento, atractivo, con un montón de iniciativa, me proponía planes súper divertidos sin parar y el sexo era maravilloso.
Peeeeeeeeero, no todo podía ser perfecto. Actualmente no trabaja, al conocerle me había contando que llevaba un par de años estudiando turismo. En ese momento no le di demasiadas vueltas, hasta pensé que era algo positivo que hubiese decidido estudiar para orientar su vida a algo que le motivase de verdad.
La cuestión es que ayer, mientras cenábamos empecé a contarle una anécdota sobre un trabajo en el que había estado hacía unos años y a raíz de ahí le pregunté por sus trabajos anteriores (dando por hecho que los habría, tiene 34 años). Cual fue mi sorpresa cuando al preguntar, le noté claramente incómodo. Estaba sudando de los nervios y muerto de vergüenza me reconoció que nunca había trabajado.

Una vez pasado el trago de exponerse a la verdad, me explica su trayectoria con más detalle. Repitió un par de veces la ESO, estuvo unos años en casa sin querer trabajar ni estudiar y finalmente, después de las pruebas correspondientes se puso a estudiar, efectivamente. Sí, decidió estudiar, pero olvidó un detalle importante: cuando me dijo un par de años estudiando turismo, en realidad se refería a SIETE AÑOS estudiando turismo. Se disculpó y me reconoció que le daba vergüenza su situación y que por eso no me la había contado antes. Saltaba a la vista que era algo que le costaba asumir y compartir con los demás.
Después de esta conversación la cita siguió como si nada, intenté no darle demasiada importancia en el momento. Pero inevitablemente mi percepción sobre él cambió bastante. Llamadme loca, pero todas esas ilusiones que me estaban quedando preciosas se vinieron abajo en un momento. Ya no solo por no haber trabajado en su vida (que también) sino por no ser sincero conmigo desde el principio. Además, entiendo que al no tener trabajo tampoco tiene independencia económica, entonces…¿de dónde sale su dinero? Sé que desde hace unos meses vive en un piso de su madre, con lo que no puedo dejar de pensar que es ella quién le paga el resto de gastos también.
Por una parte es un chico muy majo, y con el que disfruto bastante. Pero por otro, no soy capaz de plantearme empezar una historia con alguien que con esa edad, NUNCA ha tenido un trabajo. No sé si estoy siendo demasiado exigente o si es razonable pensar este tipo de cosas. ¿Pensáis lo mismo? ¿Debería darle una oportunidad y ver si con el tiempo todo esto se equilibra?