El viernes mi marido llegó a casa con una noticia que, en teoría, era buena: le han ofrecido el ascenso que tanto anhelaba y que llevaba mucho tiempo esperando.
El problema es que el nuevo puesto que le han ofrecido está en otra ciudad, a cuatro horas de nuestra casa.
Mientras me lo contaba, se le notaba la ilusión. Prometo que yo intentaba sonreír, pero por dentro se me estaba haciendo bola. No me salió felicitarle como debería y me siento mal por ello. De hecho, se dio cuenta al momento de que algo no iba bien.
Y es que… claro, el trabajo es mejor, el sueldo también. Pero no todo es eso, ¿no?. No me veo ni mudándome a otra ciudad ni haciendo vida sola de lunes a viernes mientras él está allí, que son las dos propuestas que él me hizo para tranquilizarme.
No tenemos hijos aún, aunque pensábamos empezar a buscarlos pronto. Pero para mí ese plan se tambalea si él se va a vivir fuera. No quiero pasar un embarazo sola. Y tampoco me hace ilusión dejar atrás todo: familia, amigos, nuestra vida aquí. Yo tengo un pequeño negocio online que puedo gestionar desde cualquier lugar y él se basa en eso para que nos mudemos y así no estar separados.
Todo esto me ha trastocado y lo peor es que me siento mal por desear que diga que no. Porque eso sería cortarle las alas. Pero, ¿y yo? ¿Y lo que yo quiero? ¿Dónde queda?
Me da miedo decírselo así de claro. Siento que, diga lo que diga, alguno de los dos va a tener que ceder demasiado.
¿Alguna idea de cómo gestionar todo esto?
