Hola a todos. Estoy en una encrucijada bastante gorda y, aunque voy a tener que decir que no —y me va a costar una pelea y un disgusto—, no voy a sacrificar el nombre de mi hija por lo que acaba de pasar, por desgracia.
Mi suegra llevaba enferma bastantes años y, hace poco, desgraciadamente ha fallecido justo cuando yo estoy embarazada de treinta semanas. Le hacía muchísima ilusión conocer a la criatura, pero no ha podido ser y su vida ha terminado antes de que mi hija nazca. Un verdadero drama en la familia, no solamente para mi marido, también para mí, que era una mujer a la que yo quería también muchísimo.
La vida no siempre es como uno quiere y, a veces, estas cosas pasan. Pero me he quedado bastante en shock con la propuesta que me ha hecho el padre de mi hija, y es llamarla como su difunta madre: Francisca.
Si la mujer tuviera un nombre más bonito no me importaría ponérselo a mi hija, pero es que se llama Francisca, que —con todo el respeto del mundo— es un nombre que no me gusta nada. Y siempre va a ser muy simbólico y va a recordar que durante mi embarazo su madre falleció. No estoy de acuerdo con ponerle el nombre ni con estas cosas. Pienso que va a ser una carga que no tiene por qué soportar mi hija y que va a estar siempre recordando lo mal que lo pasó su padre en estas fechas. Es por ello que yo prefiero ponerle otro nombre y pasar página; no por ello vamos a dejar de honrar ni de recordar a su abuela.
Mi marido está encabezonado en ponerle el nombre de su madre y yo no quiero de ninguna de las maneras, y ya no sé cómo hacerle entender lo que os acabo de decir. No quiero una pelea ni disgustos con tan poco tiempo que me queda para dar a luz.
Tiene que comprender mi punto de vista y que lo que quiere hacer es incluso un poco antiguo, y que no por llamar a nuestra hija como su madre va a hacer que vuelva con nosotros ni que la queramos o la recordemos más. Al revés: considero que va a ser alimentar el trauma. ¿Cómo puedo hacerle entrar en razón?
Un abrazo para todos.
