Al final sí volvió,
después de tanto amor invertido,
después de noches de insomnio
y de esperas.
Volvió. Pero volvió tarde.
Volvió, sí,
pero encontró un lugar vacío,
un corazón que ya no lo reconocía,
un alma que se había curado de él.
Te contaré algo:
Yo siempre supe que volvería,
porque los tipos como él siempre vuelven.
Vuelven cuando ya no sienten tu energía,
cuando ya no les queda nada de tu llama,
cuando no encuentran, en otra, aquello que les dabas.
No siempre vuelven por amor, no.
Vuelven para recordarse,
para reafirmarse
que aún tienen poder sobre ti.
Vuelven sin pedir permiso,
queriendo derribar
todo lo que has construido,
buscando ocupar de nuevo tu mente.
Vuelven para robarte la energía y las ganas de vivir.
Vuelven porque creen que sigues rendida a sus pies y que suplicarás por sus migajas.
Pero tú ya no eres la misma,
ya no mendigas su amor.
Al final, sí volvió,
y de nuevo, tampoco traía consigo esas palabras que, tiempo atrás,
deseaba tanto escuchar.
Antes, te juro que antes,
hubiera dado todo por él.
Porque en algún momento de mi vida,
pensé que él era mi hogar.
Pero su voz,
esa voz que un día fue mi mundo,
ya no resonó más en mí.
Pero su olor,
ese olor en el que me perdía,
ya no me atraía, lo despreciaba.
Y es que volvió,
pero encontró puertas cerradas.
Volvió tarde.
Me encontró entera y fuerte.
Volvió cuando mi piel
ya había dejado de extrañarlo,
cuando ya la erizaban otras manos,
cuando su ausencia
se había convertido en mi paz.
Te contaré algo:
al final sí volvió.
Sí, volvió.
Pero esta vez, fui yo quien no lo dejó entrar.