¡Hola a todas! Llevo algún tiempo juntando situaciones graciosas que me han hecho morir de la risión y hoy os quiero dejar por aquí algunas para alegraros estos días de confinamiento. Lo pongo en autoestima porque no sabía donde ponerlo y realmente lo que quiero es haceros un poquito más felices. Sorry si me he confundido!
Ahí voy!
– Voy al gimnasio con varias señoras mayores que son la rehostia. Tienen más vitalidad que yo a mis 25 y ellas a sus 70. Una pasada. El otro día una de ellas le está dando una receta a las demás, a viva voz, porque tienen mucha vitalidad pero esta en concreto está bastante sorda la pobre. Empieza con los ingredientes: »Cebolla, ajo, pimiento verde, zanahorias, tomate… bueno el tomate si no lo queréis fresco lo podéis usar del torturado». Se quedan todas con cara de WTF y la mujer muy digna »sí, ¿no lo conocéis? El tomate torturado ese que viene en un bote, ¡qué poco puestas estáis!» Hasta que nos dimos cuenta de que era tomate triturado… ¡Ayyyyy!
– Tenía un compañero de clase que era un pardillo de manual. Digo pardillo sin faltar, ¿eh? Muy buen chico pero muy friki, vestido al más puro estilo sabiondo, incluso tenía sus gafas pegadas con celo y todo. No sabéis el ataque de risa que me dio, creo que fue de los nervios, cuando hace poco un colega del insti me envió un link por whatsapp. Al abrirlo me fui directa a una web de porno gay, y uno de los protagonistas era ese chaval. La de vueltas que da la vida, eh???
– El otro día no daba dormido y me fui al salón a hacerme una maratón de series para aprovechar la noche. Dejé la puerta de la habitación apoyada para que el ruido no despertase a mi novio. Serían como las 5 de la mañana y escucho que mi novio se levanta de la cama, a los cinco segundos escucho un golpe a mi novio cagándose en todo. Se había comido la puerta. Es una tontería, pero aun lo recuerdo con los pelos alborotados, medio dormido y desconcertadísimo con lo que acababa de pasar y me meo jajajaja
– Con 15 años tuve la genial idea de hacerme una permanente. Tenía el pelo corto, menos de media melena, pero el peluquero de mi amiga me dijo que todo ok, que sería la más guapa de la city. Era sábado por la mañana y a mi madre solo le dije que iba a la peluquería a acompañar a mi amiga. A las 14:00 me llama porque teníamos comida familiar y que ya estaba corriendo en casa. Me tuve que ir a medio terminar, sin peinar ni nada. Cuando entré por la puerta con el pelo despeinado, oliendo a muerto que era a lo que olía aquel mejunje, y medio convertida en oveja mi madre casi me mata. Mis risas, nerviosas, llegaron minutos después cuando me sequé el pelo para la comida. Parecía que tenía un nido de gorriones en la cabeza. Terrible. La que se rió de verdad fue mi hermana, cada vez que lo cuenta se muere.
– En el instituto estaba locamente enamorada de uno de los jugadores del equipo de baloncesto, muy a lo high school musical. Una tarde de sábado después de ver un partido decidí que era una idea genial esperar a que los chicos salieran del vestuario para verlos y hacer contacto visual. Nos pusimos a hacer el monguer con una máquina de vending y al rato decidí sacarme un zumo. Después de que la máquina se me tragase 1 euro y que a la segunda me sacase lo que no quería, me puse a darle golpes y a gritarle. En ese momento salieron los chicos, el que me molaba se me quedó mirando y lo único que pude decirle fue ‘joder, es que esta máquina siempre me toca el melocotón’. Traduzco: ‘Joder es que en esta máquina siempre me sale zumo de melocotón y lo odio’. Se fue con cara de susto y yo opté por ponerme reír en lugar de llorar. Mis amigas todavía se descojonan con esa frase.
– Domingo por la mañana. Mi madre se dispone a empezar a preparar el cocido mientras yo desayuno. La veo que mira extrañada una bolsa llena de garbanzos y me mira. Le pregunto si le pasa algo y me dice si yo hice algo con la otra mitad de garbanzos que había en la bolsa. ‘Pues sí, el otro día por la noche mientras veía una peli me los comí como snack’. Os resumiré el resto, eran garbanzos crudos y yo los había confundido con garbanzos tostados. Con razón estaban duros como piedras. Mi madre lloró de la risa y contó esa historia hasta la saciedad. Yo aprendí a reírme de mí misma porque mis cagadas no tienen fin.
Y por ahora os dejo esto. Espero que os guste y si queréis más, volveré! jejejeje