Va, venga. Voy a hacer de abogado del diablo:
Vaya por delante que yo soy muy de izquierdas, y se me ve a kilómetros. Literalmente. Por mi aspecto. Aunque más allá de eso, y como ahora se verá, en realidad yo no tengo mucho que ver con muchos de los tópicos que circulan sobre la gente de mi cuerda… e incluso con mucha gente de mi cuerda, donde hay tantos tontos, y tan pocos listos, como en cualquier otra cuerda.
A lo que iba:
A pesar de los tópicos sobre la gente con mi aspecto, a diferencia de la mayoría de la gente con la que me relaciono yo no era antitaurino (tampoco taurino, viven los dioses) hasta hace muy poco, y si ahora lo soy es sobre todo gracias al trabajo de PACMA y grupos similares que, en los últimos años, ha conseguido sensibilizar (o convencer) a tanta gente que, a día de hoy, yo percibo el antitaurinismo como una tendencia mayoritaria a la que yo, con plena conciencia de lo que hago, he decidido unirme en tiempos muy recientes, no por convicciones personales sino por mímesis.
Esto significa que a mí el toreo, como tal, me ha resultado siempre, y me sigue resultando, un tema completamente ajeno y al que he sido y sigo siendo completamente indiferente. O sea, que si ahora soy antitaurino es, básicamente, porque no quiero ser el último bárbaro en abandonar la caverna.
Así de sencillo. Me he mimetizado con una masa a la que considero mayoritaria porque, al no tener una opinión personal sobre el tema, me resulta lo más cómodo. Todo esto significa que, aunque el tema en el fondo me la sigue sudando, hoy sí firmaría un manifiesto por la prohibición de los toros, cosa que antes no hacía, básicamente para poder luego afirmar con coherencia que yo no soy uno de esos bárbaros que a estas alturas del siglo XXI continúan defendiendo semejante atavismo.
Habrá quien piense que todo esto es muy hipócrita, pero yo creo que no lo es porque, como se ve, yo lo hago y lo explico todo con total conciencia, honestidad y transparencia.
Dicho todo esto, ahora voy a explicar por qué yo nunca, hasta hace muy poco, he sido antitaurino:
1) La tauromaquia moderna no tiene nada que ver con las antiguas formas de la misma, pero sí desciende de ellas. Por lo que no queda fuera de lugar decir que es una práctica milenaria, como demuestra el hecho de que el paisaje de dehesa de todo el suroeste de la Península Ibérica (la dehesa es un paisaje artificial) se remonte hasta la época megalítica.
2) La tauromaquia es todo lo que nos queda de lo que en su día fueron toda una serie de pruebas y ritos de paso de los jóvenes a la edad adulta (pruebas de hombría y virilidad Qué había que superar para ser aceptado en el seno de las comunidades), y si tales costumbres tienen valor etnográfico y deben de ser conservadas en el caso de los indígenas amazónicos también pueden, incluso deben, serlo en Europa Occidental.
3) Para enfrentarse a un toro de 450 kilos hay que tener auténtico valor, digamos los antitaurinos lo que digamos, y yo eso lo respeto aunque se haga disfrazado de bola de discoteca con sombrero de Mickey Mouse, por la sencilla razón de que ninguna sociedad puede sobrevivir sin gente valiente que la defienda y esté dispuesta a sufrir dolor y derramar su sangre por ella. La historia ha dado sobradas muestras de ello, y las quejas y protestas de quienes aspiran a un futuro radicalmente distinto de nuestro pasado no van a cambiar nada de eso. Incluso la más utópica de las sociedades posibles, una de alcance global, necesitará gente dispuesta a morir y a matar para defenderla de los Hitlers, Francos y Abascales de turno.
4) Y quizás más importante, porque esto sí me preocupa de verdad, el hecho es que el toro bravo es un animal que necesita una enorme cantidad de recursos simplemente para existir (recursos que no se pueden dedicar a otra cosa), y la verdad es que, si dicha especie ha llegado hasta nuestros días, ha sido única y exclusivamente gracias a la tauromaquia. Obviamente entiendo que esto no tiene por qué seguir siendo así, que a estas alturas de la historia podemos DECIDIR dedicarle a estos magníficos animales los recursos necesarios para garantizar su supervivencia sin necesidad de mantener la tauromaquia, pero como digo me preocupa enormemente que el discurso antitaurino al uso no dedique a este asunto, que en realidad es el único que realmente me importa, la menor atención.
Por eso, mientras no esté claro CÓMO vamos a conservar esta especie maravillosa, pieza fundamental del rico patrimonio cultural y natural ibérico, no seré yo quien se encare frontalmente con los taurinos, aunque pueda firmar papelitos por aquello de presionar un poco (pero solo un poco) para que la cosa vaya cambiando y lograr que en Iberia haya siempre toros bravos corriendo por nuestras dehesas sin necesidad de masacrarlos para esparcimiento de la gente.
He dicho.