Nunca imaginé tener que escribir algo así. Soy profesora en Brown University. Llegué aquí hace unos años con mucha ilusión, haciendo investigación como postdoc, hasta que hace 3 años empecé como profesora y abrí mi laboratorio, combinando investigación y docencia, emocionada por enseñar y por formar parte de esta comunidad académica.
Mi laboratorio está en la facultad de Medicina, pero doy clases en el edificio de Ingeniería, donde ocurrió el tiroteo y donde dos estudiantes han perdido la vida. Mis estudiantes están bien, y yo también… al menos por ahora. Pero saber que el atacante aún sigue prófugo me tiene completamente aterrorizada. Aunque me sienta segura en este momento, con toda la policía y los helicópteros sobrevolando el área, ya no sé qué significa sentirse realmente a salvo. Por suerte, hemos podido mandar a todos los estudiantes a casa (la mayoría son de otros estados o incluso países), y a mí, encargarme de terminar los experimentos que dejaron a medias, me da el consuelo de que al menos puedo ayudar de algún modo.
Siempre pensé que este era un lugar seguro, un espacio para aprender y crecer, avanzar en ciencia y en tecnología, pero hoy la sensación de miedo y vulnerabilidad es abrumadora. Es difícil explicar lo que se siente, pero quería compartirlo porque estas experiencias cambian tu percepción de seguridad y de la vida cotidiana. Justo en el momento del tiroteo, acabábamos de recibir la noticia de que nos habían aceptado la oferta de una casa, y ahora no podemos dar marcha atrás porque estamos bajo contrato, con lo cual dejarlo todo e irme no es opción. Hoy entiendo que la sensación de seguridad es frágil, y que la vida puede cambiar en un instante.
