Dicen que cuando te enamoras se siente como una droga, droga que cuando no la tienes te entra ansiedad y desesperación.
Yo vengo a contaros sobre la mía, que sé que tengo que dejarla porque no me lleva a ningún lado, pero que sólo pensar en no tenerla me aterra.
Llevamos 3 años juntos, él es 7 años menor que yo, cosa que para nosotros no es problema. Nos llevamos bien, tenemos muchas cosas en común, nunca nos aburrimos y nos queremos.
Qué hay de malo en todo? Hay de malo que no hace nada con su vida. Se acuesta tarde, se levanta tarde, va un par de veces a la semana a la academia y así una y otra vez, sin trabajar, sin estudiar en el día a día, sólo viendo pasar el tiempo.
Nos vemos cada 15 días, nuestros planes son siempre asequibles, dormimos juntos una vez al mes con suerte y a mí todo esto me desespera.
Yo trabajo pero ni puedo ni quiero pagar todo, aun así pago buena parte de las cosas cuando quedamos. Él a veces se lamenta, que por su culpa no podemos hacer más cosas, que no puede darme más, que sus regalos son una mierda, pero no hace nada por cambiar eso.
A mí los regalos me dan igual, pero no me da igual verlo tan poco, dormir con él tan poco…
Me siento a veces utilizada porque se hace el tonto para pagar, aunque la mayoría de las veces no tiene ni que hacerse el tonto, ambos damos por hecho que debo pagar yo.
Tengo ya edad para ir planeando cosas, de hecho yo ya he vivido en pareja antes. Y él tiene edad para tener ya planteado su futuro, y la verdad es que a corto plazo no veo que vaya a cambiar.
Sé que esto no tiene futuro ninguno, que él ha pasado por mi vida sólo para sacarme de una mala época en la que me encontraba y que, por mucho que lo quiera, esto no lleva a ningún lado.
Hacía tiempo que alguien no me ponía tanto, que no lo pasaba tan bien, que no me aburría hablando. Me encanta él, su boca, la forma en que me hace todo, su olor… Cómo me desprendo de todo eso? Aún lo tengo y ya lo echo de menos.
No sé qué hacer o cómo hacerlo, me entra ansiedad de sólo pensar en que no vamos a hablar más, que no lo voy a tocar u oler más. Y, sin embargo, sé que eso es lo que tiene que pasar.