Hola guapuras!
Soy una chica rellenita de Tenerife y creo que nadie mejor que vosotras para contaros (y cómo no, también para desahogarme con gente que quizás me entienda)
Desde que tengo uso de razón, la palabra «cachorrota» siempre me ha precedido (cachorrota significa algo así como «mujer de buen ver que es grande, vistosa».. vamos, lo que viene siendo una gordita compensada, bonita y llamativa). Nunca me ha molestado, es más, los canarios somos muy cariñosos y normalmente no se usa como insulto no nada despectivo; sino más bien, con cariño y buena intención.
El problema no es serlo, el problema es que, a medida que van pasando los años, ya no se usa ese término.
Pasas de ser «cachorrota» a ser un objeto de vista al público.
Sales a la calle, y te vistas como te vistas, siempre está el viejo verde de turno que te mira y se pasa la lengua por los labios como si fueras un pastelito puesto ahí para hacerle las delicias de día; el «caballero» cuarentón que pasas por delante y se parte el cuello o el tipejo que te silba como si fueras un perro.
Añadamos a ésto, que encima de cachorrota y corpulenta, tengo una mala hosssssstia que flipáis; pues yo, cachorrota y de cojones y culo grandes, me suelo girar con todo lo que mi mala leche conlleva y les suelo cantar las 40 (sean cuarentones u octogenarios, me da igual), exigiendo con mucha educación pero también con mucha mala baba, que se me respete. Y ah.. eso ya no gusta.
¿Mi indignación cuál es? Pues por mucho que os sorprenda, ya no es sólo la falta de respeto a la mujer en la vía pública, sino el poquitísimo apoyo que se recibe. Es decir, tú, gordita, hermosa y llamativa; te vistes con, ¡qué se yo!, unas mayas (que gracias al cielo consigues que no transparenten hasta el código de barras de la etiqueta), una camiseta zarrapastrosa y unas zapatillas viejas, te dispones a ir a hacer cualquier cosa en la calle, SUFRES ese acoso y encima, llegas a tu casa con toda tu malísima mala leche e impotencia de decir «joder, estoy harta de siempre tener que estar cortándole el rollo a la peña»..
ENCIMA LLEGAS A TU CASA (donde se supone, vive la gente que está de tu parte) y ENCIMA te sueltan que te calles, que el día menos pensado le vas a cantar las 40 a alguien, se va a girar y te va a clavar una navaja o a darte un puñetazo.. que vale más pasar y dejarles.
¿¿¡¡DISCULPA!!?? ¿Por qué tengo yo que soportar que me falten al respeto? ¿Por qué tengo yo que agachar la cabeza y seguir caminando mientras escucho cómo se babean mirándome el culo? ¿Por qué tengo que ser yo la que LOS RESPETE A ELLOS?
Me siento sola.
Sola e indignada.
Me siento atrapada, ya no sólo por mi «condición de mujer» en esta lacra de sociedad; sino encima, atrapada en una familia que consideran que es mejor que me humillen y acosen y me mantenga callada; a que me defienda y no le permita a la gente denigrarme públicamente…
¿Me equivoco siendo asi?
Gracias por escucharme, a veces no sé con quién hablar de estas cosas..