Y no, no estoy en absoluto orgullosa de ello.
Nos conocemos porque trabajamos para la misma empresa, aunque no coincidimos con mucha frecuencia, puesto que él es comercial y yo estoy en Facturación. Nos vemos como mucho una vez al mes, cuando me pasa la hoja de gastos. Un mes hubo una incidencia que hizo que tuviéramos que estar en contacto más seguido hasta que quedó todo solucionado y de ahí nos empezamos a tratar con más asiduidad y mayor confianza.
A ver, físicamente no me llama especialmente la atención. Además, que me saca unos cuantos años. Pero tiene una voz súper cálida y es tan amable y detallista, que me tiene encandilada. Creo que ya hace un tiempo que me he vuelto adicta a sus muestras de interés, detalles y cumplidos con los que me regala y me hace sentir especial y valorada. No, mi vida amorosa no ha sido nunca una maravilla del romanticismo. Los tíos con los que me he relacionado hasta hoy siempre han ido a lo que iban. Así que cuando he encontrado a alguien que me ha tratado tan bien, pues me ha resultado una novedad súper refrescante y adictiva.
Sé que él no está bien con su mujer. Según él, ella es una mala persona que le maltrata psicológicamente y le hace chantaje emocional, pero eso no es excusa.
El último mes, cuando nos vimos en la empresa, me contó, mientras desayunábamos, que su mujer le había vuelto a montar un numerito: lo vi bastante hundido y me supo fatal. Así que cuando me planteó quedar un día fuera del trabajo para tomar algo, le dije que claro, sin problema. Unos días después, me propuso día y hora. Y acepté.
Ayer quedamos para tomar un café. Yo estaba un poco de bajón (día duro en el curro más WhatsApp sonda de mi último ex tóxico) y él estuvo más dulce y atento que nunca. Un verdadero caballero, un amor de persona. Se interesaba por mis marrones, me piropeaba con educación. Me cogía de la mano con amabilidad y me sonreía con dulzura. Me sentía tan bien tratada… Y al final, pasó. Me dijo que me acercaba a casa, porque estaba lloviendo, y acabamos dentro de su coche, abrazados y comiéndonos la boca. Luego me preguntó si quería que subiésemos a mi casa y afortunadamente ahí recuperé algo de sentido común y le dije que no podíamos hacer eso. Él me dijo que tenía razón, que lo entendía. Tras eso, nos despedimos.
Ahora estoy un poco asustada de mí misma. El cuerpo me pide volver a quedar con él, para volver a sentir cómo alguien me trata tan bien, pero sé que no debo, que al final acabará sucediendo lo inevitable como nos sigamos viendo. Ya no sólo es por su mujer, también tiene una hija pequeña. No puedo hacerle eso. No creo que me quede otra opción que ir cortando el contacto con él. Me va a costar mucho y en el fondo, que es lo más me asusta, es que no sé si realmente quiero, por muy egoísta que suene.
Pues nada, he venido a aquí a desahogarme desde el anonimato. Sed felices.
