Soy terapeuta, me paso la vida ayudando y orientando a los demás. Esta vez me he decidido a hacer lo contrario; ¿y si alguien me asesora a mi?
Conocí a Marcos en una circunstancia excepcional, hace más de un año, en un ambiente de trabajo. Cabe decir que nunca he sido su psicóloga (no sería ético). En medio de una pandemia terrible, conocí a uno de sus sobrinos, un pequeño extraordinario que tiene diferentes problemáticas. Intenté que otros profesionales le ayudasen, pero su conexión conmigo es tan especial que siempre se negó a ser atendido por otros. Supongo que de manera inconsciente, presentía que estar en contacto este pequeño paciente implicaría ver más a Marcos, y vincularme más ¡y eso pasó! ¡claro!
Sobre Marcos, cuando coincidí con el en la escalera y nos miramos ¡algo ocurrió! – existe una enorme atracción entre ambos (física y emocional). Luego, no sé por qué, el comenzó a acudir siempre a sesión y nos empezamos a cruzar semanalmente. Hace un año ya de esta situación, y cuando nos cruzamos y hablamos mi cuerpo suda como si corriese una maratón. Su olor impregna mi oficina y no dejo de pensar en él (y no pienso en nadie más ¡raro en mi!) tanto que a veces no consigo dormir. Marcos siempre acude por algo a la oficina, y nos pasa el tiempo volando hablando y sonriendo. ¿Demasiado bonito para ser cierto? – ¡Pues claro!
Resulta que Marcos viene de una familia bastante disfuncional y aglutinada, en dónde asume roles que no le pertenecen. Tiene otra sobrina de 6 años que también cuida. Su hermana es cordial conmigo, porque sabe lo mucho que me he esforzado con su hijo pero… ¡no me traga! – Cada vez que viene a verme es para destacar que ahora como sus hijos no tienen padre (los abandonó), que su hermano los criará y los mantendrá toda la vida. También me dice que ella vivirá cerca de el siempre (tiene 35 años). Esta mujer se encargó de decirme que Marcos no quiere tener hijos, que ya tiene dos. Cuando me dijo esto es como si me diese una bofetada de realidad – no entiendo tanto dolor por un hombre con el que nunca he tenido nada.

Marcos y el pequeño están cada vez más cerca de mi, cuando no los veo los echo de menos. Hemos llegado a un punto en dónde es obvio que nos atraemos y que ambos somos jóvenes y deseamos intimidad. Me he dado cuenta de que «no es que sea yo una gran terapeuta» si no que el niño disfruta de mi estabilidad y ganas de vivir. Marcos me dijo hace una semana que no quiere tener hijos, volví a sentirme dolida. Yo si deseo ser madre, lo deseo muchísimo y no sé si quiero vincularme más con alguien que tiene esta manera de vivir. Cuando me comentó esto, se sintió agobiado o dolido y se fue poniendo una excusa. Me preguntó ¿por qué tu si quieres ser madre? Me sorprende viniendo de un hombre al que le gustan tanto los niños y los cuida tan bien.
Recientemente su hermana, de una forma muy pasivo-agresiva me dijo que se iban a ir de aquí. Me desagrada mucho que lo trate como «un marido» y que desee poseerlo de esa manera. Me resulta poco natural. Un día lo escuché en una conversación informal «que tenía dos» – ¿dos hijos? No sé que hacer, por un lado lo deseo y me muero de ganas de estar con él pero por otro lado creo que está mujer me haría muy difícil la vida. He tenido pesadillas con esta «relación» entre hermanos que no llego a comprender (hay algo inadecuado en esto). No sé si mi vida encajaría con un «no papá que parece uno» – me gusta viajar, la aventura y sentir que llevo el timón de mi vida. Soy una mujer bastante libre. Ojalá hubiese conocido a Marcos en otras circunstancias.
¿Estoy siendo egoísta? ¿Debería alejarme de una vez por todas? ¿Debería esperar más tiempo (ya hace un año y medio)? ¿Mirar hacia otro lado? – ¿Qué debe primar aquí la RAZON o la EMOCIÓN?