Admito que he pasado miedo y ahora voy a pasarme varios días sin ir a la biblioteca, por mucho que diga que no, que paso de todo y que me diga algo que todavía lo mando cerca. El pasado jueves me acerqué a la biblioteca a devolver un par de libros y, naturalmente, a pescar otro par, que el vicio es el vicio.
Estaba buscando algo nuevo de Grady Hendrix (es muy bueno escribiendo terror) cuando de esto que se te activa el sentido arácnido. Me giro y veo en las mesas de estudio a una niña, que no tendría más de catorce o quince, y sentado junto a ella a un tío como de unos treinta, que no dejaba de hablarle en susurros. No se la notaba cómoda, tenía la sonrisa tirante. Pero como una es paranoica, pensé que lo mismo era cosa mía, lo mismo aquél tipo era hasta pariente suyo y yo estaba viendo lo que no había.
Seguí caminando arriba y abajo junto a las estanterías. Sin poder evitarlo, miraba todo el rato hacia la mesa de la chiquilla. En un momento determinado, el tío le pasa el brazo por los hombros, la niña se intenta apartar y él hace fuerza para que no se retire.
Y a mí se me enciende dentro de la cabeza una bombilla roja y algo dentro de mí grita “¡ALARMA, ALARMAAAAAAAAA!”. De inmediato me dirijo hacia ellos y, con una gran sonrisa, me apoyo en la mesa y digo mirando a la niña:
—¡Hola, cielo! Me dijo tu madre que me pasase a por ti, como iba a venir a devolver… ¿ya has terminado de estudiar? Venga, que te llevo a casa.
Nunca he visto a nadie recoger ordenador, cargador, cuadernos y lápices tan deprisa. En vano intentó el tío decir que podía acompañarla él. “No hace falta, si he venido yo a por ella”. La chica se me colgó del brazo y salimos de la biblioteca casi corriendo. Apenas salimos, la chiquilla me abrazó y me dio dos besos. “¡Gracias!”, me dijo y echó a correr. Me juego algo a que no tomó aliento hasta llegar a su casa. Y no digo nada, porque yo no tuve ánimo para volver a entrar, que el tío aquél me viera y llegara a la conclusión de que la chica se había ido sola. En su lugar, me aposté fuera del portón, por si le veía salir, cosa que no hizo.
Me fui sin coger libros nuevos y al menos en una semana no pienso volver, por si acaso. Ahora pienso que quizá debí haber avisado a alguna de las bibliotecarias, a alguien, pero en ese momento me asusté y sólo pensé en sacar a la chica de allí. Si veo a ese tío de nuevo, sí que lo haré.
