He sido madre hace cinco meses y solo me queda uno más (el de vacaciones) para incorporarme al trabajo. Estoy sufriendo y llorando todos los días y vivo en un bucle de angustia por tener que dejar a mi bebé tan pequeño. Estoy harta de que me digan que es lo normal, que voy a agradecer tener tiempo para mí (como si trabajar fuera tiempo para mí), que todo el mundo lo hace y no se ha muerto nadie por ello. Pues sí, todo el mundo lo hace pero no es lo normal, no me fastidies, lo hacemos porque no nos queda más remedio, porque tenemos que comer y pagar facturas, pero no me pidáis que vaya feliz y contenta y que lo normalice. Perdonadme el manifiesto, pero es que no entiendo que el sistema nos deje tan vendidas a nosotras y, sobre todo, a nuestras criaturas. En fin, al lío.
Como os digo, me queda un mes para incorporarme y una cosa que no he querido hacer todavía ha sido sacarme leche y congelarla. Disfruto la lactancia, he tenido grietas y mi bebé no cogía el suficiente peso al principio, así que la tuvimos que luchar y, cuando por fin he conseguido establecerla, resulta que me tengo que ir fuera de casa nueve horas y puede que mi bebé rechace mi teta cuando vuelva a casa porque ahora prefiera el biberón.
Quizá os parezca una chorrada, pero para mí es muy importante. No pude tener el parto que quería, por complicaciones, han tenido que hacerle intervenciones que yo no quería, la lactancia al principio nos costó muchísimo. Todo lo que había deseado para mi parto y posparto se esfumó, no elegí nada. Y ahora que por fin he conseguido elegir y mantener la lactancia no quiero renunciar a ella. No quiero que por hacer experimentos con el biberón exista la posibilidad de que luego me rechace la teta. No quiero que, en caso de que rechace el biberón, tener que estar sufriendo dos meses antes para que lo coja, como me han contado varias amigas que les ha sucedido. El bebé no quiere el biberón y llora porque le obligan y los padres lloran desesperados y es todo un drama épico.
Mi marido está empeñado desde hace dos meses en que me ponga el sacaleches y vaya congelando leche, porque luego cuando él se quede quiere tener. Con todas las matronas que yo he hablado me han dicho lo mismo: no hay necesidad de congelar leche con tanta antelación y además, lo mejor es sacarla del pecho el día anterior o dos o tres días antes y tenerla en el frigorífico.
Me he intentado poner el sacaleches dos veces, pero me genera angustia, malestar y la sensación de estar en una macrogranja siendo explotada y se me caen los lagrimones. Lo siento, me produce un rechazo terrible. Y él no quiere entenderlo. El otro día tuvimos una bronca tremenda por ello. Dice que soy una egoísta y que no pienso en él y en lo que va a sufrir cuando se quede con el bebé y no pueda consolarle con la teta que no tiene, que su única opción es el biberón y no se la quiero dar. Pero no es verdad, él tiene otros recursos para consolarle que conmigo no funcionan. Tiene brazos, tiene voz, tiene bailes, tiene paseos, en fin, que no se va a quedar desamparado.
Al final hemos llegado a una solución intermedia, cuando me queden 15 días empezaré a sacarme leche poco a poco para ir probando y, como cuando se quede con él ya va a tener seis meses, no hará falta que le dé biberón, porque empezará la alimentación complementaria y cuando tenga hambre le podrá dar comida sólida, incluso agua y podrá empezar a beber la leche de una taza, sin tanto drama. ¿Qué os parece esta solución?
