Bua, ¡Cuánto has adelgazado! Déjame abrazarte para comprobarlo.

  • Tarisha
    Tarisha on #212870

    Ayer estaba con mi mejor amiga y su medio novio cuando se acerca un chico alto,deportista,supuestamente muy guapo y atractivo para todas las chatis como dice él, que es todo un personaje y desgraciadamente amigo de mi amiga.
    Nada más acercarse le dice flipando cuánto has adelgazado y le suelta: Déjame darte un abrazo para comprobar que no sea la camiseta. Le abraza y dice bua, me puedo tocar los codos.
    Se aparta, se pone serio, la mira y le pregunta: ¿No te habrás vuelto bulimica ni anoréxica ni esas mierdas, no? ¿Comes bien, no?
    Hay que ser muy imbécil para creer que si una gorda ha adelgazado es porque sufre tal complejo que sí o sí padece bulimia o anorexia.
    Lo peor de esa pregunta es que mi amiga sí padeció bulimia hace unos años y cada vez que vomita actualmente le vienen recuerdos de esa época que turban por un segundo su mente.
    Qué poco cerebro tiene que tener alguien para soltar semejante comentario sin ningún tacto sabiendo de sobras con quién hablaba.

    Él no se folla a gordas, siempre cuerpos normativos porque si tienes las tetas algo grandes caen y deja de resultar atractivo. Porque mucha miradita indecente,mucho comentario lascivo delante de los amigos,para acabar con ella en la cama, y que resulta que no te sabes mover: -Joder tía, qué aburrido fue.- Y tú decidiendo a quien sí se lo puedes contar y a quién no, todo depende de cómo te vayan a juzgar.
    Mi amiga es una diosa sexual, curvy, mística, inteligente, culta, divertida y con unos ojos que pueden llegar a penetrarte el alma.
    Ese pavo hace ya tiempo que dejó de caerme bien por tratar a las mujeres como objetos que le pertenecen sólo por tener un cuerpazo de gimnasio, bailar genial y estar morenito. Porque hace comentarios hirientes sin pensar y llega a anularte como persona haciéndote callar o cambiando el tema de conversación a algo que sus pocas neuronas pueda entender.

    No sé si sólo estoy escribiendo esto por la rabia que me dio aquel comentario o la asquerosa que fue su compañía o si su comentario hacia mi persona fue la gota que colmó el vaso.
    Yo iba muy taja, con achaques de sinceridad divertida (por decirlo de alguna manera) y cuando soltó que no tardaría en irse yo le dije: Mejor,no me caes bien. Y se ofendió,por supuesto: ¿Cómo no voy a caer bien a alguien? ¿Cómo puede ser que está gorda y fea no se esté muriendo por mis huesos? Me reí y le solté un: es broma jaja, pero mi sinceridad se huele a tres kilómetros y ya no había marcha atrás.
    Él volvió a decir que se iba y yo le dije: Qué bien,qué ganas de que te vayas. Mis amigos le dijeron déjala está borracha y él dijo pues debería de estarlo más. No entendí por qué lo decía y simplemente dije Ah. Aquí se aproximaba su orgullo con una contestación épica e hiriente que le devolviera la poca dignidad que le quedaba y dijo: A ti se te nota que no vas al gimnasio. Boom! Otra vez tú y tu gordofobia.
    A ver chaval,vete tú al gimnasio y me dejas en paz que lo que quería desde el principio era que te fueras porque eres un creído y te aprovechas de los demás y encima a cambio sueltas comentarios desagradables por hacerte el gracioso.
    No,lo siento,nunca me llegarás a parecer atractivo. Soy más de neuronas que de físico, porque me moja más las bragas una buena conversación que tus abdominales.
    Que yo no iré al gimnasio, pero nunca me ha faltado el pan, porque tengo algo que tu superficialidad nunca podrá ver y no sabes cuánto me alegro porque si tuviera que soportar que quisieras ligar conmigo me entrarían arcadas.

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