Después de verme sumergida en una vorágine de problemas que me hizo perder mi alegría y el estado anímico, un día, mi cabeza hizo clic y decidí reconducir todo y reencontrarme con la niña que llevaba dentro.
Desde siempre me había gustado ayudar a las personas, pero mis problemas me fueron succionando la energía y al final me volví una persona amargada.
Ahora hace ya dos meses que me levanto todos los días una hora antes de lo que lo hacía, empiezo el día escuchando durante 10 minutos música que me da buenas vibras, me preparo un café y salgo a la terraza a disfrutar de los pajaritos y de la paz que se siente esas horas y mientras me tomo el café, mando un mensaje a cada una de mis amigas, deseándoles un feliz día y diciéndoles que estoy ahí para cualquier cosa que necesiten.
Sé que para algunas es un incordio, pero en general todas son súper agradecidas y me contestan los mensajes. Se sienten felices de tener a alguien que se preocupa por ellas y a mí me transmiten su felicidad y sus buenas energías, por lo que también ha cambiado mi vida. Ojalá hubiese antepuesto antes mi felicidad y la de los míos a cualquier cosa mala que pudiera ocurrirme.
