Conocí a Hugo en 2006, siendo una jovenzuela de 16 años con ganas de comerse el mundo y también a este señorito de 19. Nos conocimos en una web de citas y fue un flechazo total, pero vivíamos a casi dos horas.
Tras varias semanas hablando a todas horas y haciendo videollamadas por Messenger, llegó el día de conocernos en persona por fin y fue mágico, nunca antes me había gustado un chico como me gustaba Hugo, y era recíproco, estaba loquito por mí; Yo, que siempre había sido la amiga gorda del grupo, tenía loco a un tiarrón de 1’90m que jugaba al basket.
Nos comíamos con la mirada y a besos, queríamos estar juntos y tener una relación, pero la distancia era un impedimento en ese momento, así que quedamos en que, siempre que pudiéramos, quedaríamos y aprovecharíamos el momento a tope, y así hicimos.
Venía a verme cuando podía con el coche de su padre; nos íbamos a mi casa cuando mis padres se iban de viaje o a casa de mis abuelos cuando se iban al pueblo, nos dábamos revolcones en el coche, en centros comerciales… Era una cosa tremenda, qué conexión y qué todo, el sexo juntos era increíble y probábamos muchas cosas nuevas.
Nos tiramos así años, salvo cuando alguno de los dos tenía pareja, eso se respetaba 100% y jamás engañamos a ninguno, pero en cuanto las relaciones terminaban, allá que íbamos sin perder el tiempo.
La última vez que nos acostamos fue hace siete años, es el tiempo que llevo yo con mi pareja; él por su parte, lleva con su chica casi seis años y hace unos meses se casaron. La chica es un pibón de cuidado y en cierto modo cuando se casaron, sentí una pequeña espinita en mis adentros, nos conocemos hace más de media vida y en algún momento soñé que viviría eso con él, ya que nuestra conexión era brutal, no era solo sexo, era todo, pero qué le vamos a hacer, así es la vida.
A pesar de estar casado y yo con novio, siempre hemos mantenido el contacto e incluso nos hemos visto en varias ocasiones para tomar algo siempre que ha venido a pasar unos días a la ciudad (vive en otro país con ella) y la tensión se palpa en el ambiente todas y cada una de las veces que hemos quedado, hasta el punto de proponerme pasar la noche juntos, o dejarme hacer fotos sugerentes, videollamadas a escondidas…
Siempre le digo que no, que si algo hemos tenido, es el respeto hacia nuestras respectivas parejas… pero dice que le es indiferente, que han pasado muchos años desde la última vez, que casado ya está, pero que la obsesión que tiene conmigo y con mi cuerpo, no se la quita nadie y quiere que nos disfrutemos aunque sea una última vez, que lo “necesita”… He de decir que en mis sueños ha pasado más de una vez, pero… Los sueños, sueños son. Siempre nos quedará la mente… y las fotitos que tengo guardadas.
¿Qué haríais en mi situación? La verdad es que muchas veces me he planteado ese último encuentro con él, pero quiero mucho a mi pareja y no podría hacerle eso…
