Mi relacón empezó justo al acabar el bachillerato. Yo me fui a estudiar a Santiago y el segundo año de universidad decidió venirse a vivir de mi en mi piso de estudiantes. Por esa época aprovechaba los fines de semana que bajaba a casa, a Lugo, para salir con mi mejor amiga y tener un respiro, a pesar de la bronca previa por cualquier tema random que tendría.
Ese viernes me reencontré con un chico que conocí en Sarria una noche hacía años y me flipaba. Era amigo de mi amigo y a mi amigo le gustaba mi amiga, así que era fâcil, éramos 4 con intereses cruzados. Esa noche hice muchas cobras pero me sentí viva, deseada, libre, feliz. Lo rechacé pero al final de la noche, cuando ya se estaba llendo lo busqué para pedirle el teléfono.
La persona que volvió despues de ese fin de semana a Santiago con su novio era diferente. Había despertado algo detro de mi y ya no era igual de sumisa. El no sabía lo que había pasado pero mi actitud le desquiciaba, hasta ahora no había necesitado la violencia para controlarme pero después de ese fin de semana, si.
Esto pasó en septiembre, y para octubre sabía que podía volver encontrarme con el chico de Sarria en las fiestas del San Froilán y me había dicho a mi misma que poner los cuernos en una relación de maltrato (ya me hablaba a mi misma con esta palabra) y condenada a acabarse era, no una venganza, si no lo mínimo que me merecía. Lo vi, si, pero nos pasamos toda la noche jugando, roneando, tonteando y al final no pasó nada, pero fue divertido y gratificante y me subió la autoestima. Llegó diciembre y me enteré que el chico de Sarria y nuestro amigo en común iban venir a un concierto de Supersubmarina a Santiago. Quedé con ellos para salir después del concierto, pero salí de casa con un cubata yo sola horas antes de que acabara su concierto porque si no había salido antes de que mi novio volviera de trabajar podía impedírmelo. Me enteré de que esa noche mi novio también salió pero no me importó liarme con el chico de Sarria en cada esquina de Compostela, pasar por delante del pub donde salía mi novio, ni irme a la casa donde el se quedaba y follar, después dormir y al día siguiente aparecer en mi casa, con mi novio esperando, a las 11 de la mañana.
Nunca le dije lo que había hecho y nunca me lo preguntó, la relación duró unas semanas, aunque llevaba más de un mes intentando echarlo de mi casa y el se reía de mi (se iba de cañas y decía que iba mirar pisos). El día que se fue me escupió, me gritó, me empujó y dio un portazo. Yobme quedé tranquilamente recogiendo y después me fui a servicios sociales. Cuando volví se había llevado sus cosas.
Ese ligue (nunca fue nada más) fue lo que me hizo salir de la mierda y aprender que poner los cuernos no es algontan horrible. Que te pongan los cuernos (puntualmente, no hablo de, llevar una doble vida) es una traición, pero muy mundana, muy light, muy del día a día. Puede ser incluso un desliz por parte de alguien que te quiere. Ser un cabrón es tratar mal a tu pareja, destruírla, desvalorizarla.
Suena horrible, pero leyendo los comentarios veo que muchas necesitamos un empujón de otros hombres para poder dejar a nuestros maltratadores. No suena feminista, pero es así. Lo importante es, después de eso, construírnos como mujeres autosuficientes y fuertes.
PD: Los detalles no son ficticios, son reales y así quiero que sean :)