Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Conocí a un chico en un bar hace un par de semanas.
Nada del otro mundo, pero tenía ese punto canalla que te hace pensar va, una noche divertida no hace daño a nadie….
Charlamos, bailamos, nos reímos, hubo química.
Terminamos en mi casa.
Todo bien hasta que llega el momento de la verdad.
Me dice que no tiene preservativos.
Yo precavida (y con fe en la vida) saco los míos del cajón. Los mira se queda callado y me suelta:
“No creo que esos me sirvan, necesito preservativos especiales.”
Yo me quedo en plan… cómo especiales?
Le digo que son de los normales que nunca nadie se me ha quejado y que encima de los caros, no de marca blanca.
Y me repite que no, que él necesita otros que esos no le valen.
No quise insistir porque tampoco soy de forzar nada, pero me dejó pilladísima.
Ni lo intentó.
Se vistió, dijo algo tipo bueno, no pasa nada, será otro día y se fue.
Ni intercambiamos números.
Ciao.
Y yo me quedé ahí, en la cama, con la duda:
¿De verdad era porque no le servían o fue una excusa para irse?
No llegué a verle nada (porque ni se bajó los pantalones del todo), así que no sé si es que estaba acomplejado, si realmente tenía enorme trabuco (pero entonces chico lleva tu tu super condones xxxxl no), o si buscó una salida para irse.
He contado esto a mis amigas y una dice que seguro era un gatillazo encubierto, otra que a lo mejor le dio cosa porque se sintió juzgado y otra que lo mismo tenía novia o simplemente se rajó.
Lo peor es que encima me quedé con las ganas y la curiosidad.
