Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Hola,
Por fin me he atrevido a dar el paso y abrir mi corazón. Creo que necesito desahogarme, apoyo y ver distintos puntos de vista.
Yo sabía que la familia de mi chico y la mía eran muy incompatibles. Nos hemos criado de manera diferente, en pueblos cercanos pero con ritmos de vida distintos. Hasta que no me junté con mi ahora marido no me había dado cuenta de las carencias y de los problemas de mi familia.
Mi infancia fue feliz, no me faltó de nada y recibí mucho cariño. Sí tuve problemas con las amistades, porque hasta que no marché a la ciudad a estudiar no me solté y espabilé. Con 23 empecé a trabajar, con 26 me fui a vivir con mi marido y con 28 me casé. Hasta aquí, con nuestras diferencias, nos fuimos entendiendo.
Pero cuando tuvimos al niño empezó todo el infierno.
Soy hija única y mis padres solo me tienen a mí y al pequeño. Mi padre estaba enfermo, así que el niño fue una gran alegría para ellos. En la familia de mi marido ya había dos primos más, pero la ilusión fue igual.
El mismo año que nació nuestro hijo, el hermano de mi marido se separó. Y ahí empezó mi calvario. Mi suegra está obsesionada con que el niño tiene que pasar tiempo con los primos, que tiene que estar todo el verano con ellos, que… en fin, siempre tiene algo que decir. Quiere tener a todos bajo su control.
Yo soy la primera que llevo al niño con sus primos y al pueblo, pero estoy sometida a tal presión que estoy cayendo enferma. He pasado un mes de agosto complaciendo a todos, de un lado para otro, para que tanto mis padres como mis suegros disfruten del niño. ¿Y yo? ¿Cómo disfruto yo?
Estas diferencias entre familias solo nos llevan a discusión tras discusión. Me siento sin fuerzas. Mi marido solo dice que el niño debe estar 50/50 y no hace más que juzgar y criticar a mis padres, únicamente porque viven y se comportan distinto a los suyos. Yo teletrabajo y puedo organizarme, pero siento que no me dejan ejercer como madre y decidir. Tengo que adaptarme siempre a los deseos de los demás.
La familia de mi marido es muy posesiva y absorbente. En el pueblo dicen que el niño allí es donde mejor se lo pasa y donde debe estar. Mi suegra lo consiente en todo, es exagerada, no lo deja a nadie. Ha llegado incluso a quitárselo de los brazos a mi padre. Y yo solo pienso que el día de mañana mi hijo no querrá ir a ver a mis padres, y eso me mata por dentro.
Siento que el niño es una moneda de cambio, un mono de feria: ahora aquí, ahora allá. Está desestabilizado.
Este agosto ha sido horrible. No puedo hablar con mi marido, no me entiende. Solo da la razón a su familia, no empatiza conmigo y me machaca constantemente. Estoy agotada y superada.
No sé si alguien de esta comunidad puede darme algún consejo psicológico o si alguien se siente identificado conmigo.
Gracias por leerme.
