Hola.
Nunca había publicado y mi historia es de hace unos años, pero no deja de reaparecer en mi cabeza en momentos insospechados, desconcentrándome de lo que quiera que esté haciendo en ese momento. Nunca me había planteado contarla, especialmente porque siempre he tenido la duda de si fue todo una malinterpretación por mi parte. Hoy ha sido uno de esos días en los que me ha venido la historia a la cabeza, y al meterme en el foro para despejarme he leído el hashtag de #Cuéntalo y he decidido tomármelo como una especie de señal. Es una historia algo larga, pero lo hago más por desahogarme que por que me leáis, así que prefiero contarla detalladamente.
Esto pasó hace pocos años, cuando yo tenía unos 22 y estaba estudiando la carrera en la universidad. Siempre he sido una chica aplicada de buenas notas, llegando en cierto modo a lo obsesivo en el sentido de que tiendo a valorarme a mí misma en función de mis logros a nivel académico o profesional (error, lo sé, estoy en ello). En cualquier caso, uno de los años de la carrera tuve una serie de problemas personales, pasé una depresión y suspendí varias asignaturas. Me puse en manos de profesionales y del maravilloso entorno que por suerte me rodea y conseguí superar esa etapa horrible. Ya muchísimo mejor y siguiendo todavía en tratamiento, ese verano me puse a estudiar las asignaturas que había suspendido para poder sacarlas en septiembre. Conseguí sacarlas casi todas.
Pero aquí viene el problema. Una de las asignaturas (concretamente una de las que tenía más seguro que iba a sacar, por ser más sencilla) no la saqué por dos décimas. Extrañada, puesto que esperaba una buena nota en esa prueba, fui a la revisión. El profesor en cuestión ya tenía fama de machista por la universidad y no era de mi agrado, pero nunca tuve ningún problema ni contacto especial con él. Estábamos muchos en clase y no pensaba que supiese siquiera mi nombre, ni el de nadie.
Quiero dejar claro que nunca, nunca en mi vida he ido a “llorar” a un profesor por un examen. Nunca. Como he dicho antes, siempre he sido una chica aplicada que he luchado por todo lo que he conseguido. No quiero que parezca que era una niña enfadada por no haber sacado buenas notas, puesto que no era así. Suspendí otra de las asignaturas a las que me presenté, que esperaba suspender, y no dije nada, puesto que era culpa mía y la asumí como tal. Pero esto era simplemente injusto.
Llegué a la revisión, entré en su despacho (entrábamos de uno en uno) y me enseñó el examen. Constaba de dos partes que creo recordar contaban la mitad cada una: un test y una parte escrita. En el test tenía un 7 con algo sobre 10, que equivalía a 3,5-3,7 puntos contando el 50%. En cambio, en la parte escrita tenía solamente 1 punto con algo sobre 10. Esto me descuadró todavía más, pues estaba convencida de haber acertado varias de las preguntas escritas.
Leí el examen y no me lo podía creer. Estaba puntuado de manera absolutamente arbitraria. Tened en cuenta que tenía un 7 y pico en el test, que estaba a dos décimas del aprobado y que tenía 1 punto y poco sobre 10 en la parte escrita que, en mi opinión, merecía no dos décimas, sino varios puntos más.

Le pregunto al respecto, educadamente. Que no entendía por qué no tenía más nota en una de las preguntas, por poner un ejemplo. “Porque has olvidado nombrar esto, mi niña” me dijo. Llevaba razón, había olvidado nombrar una cosa, pero por ello me contó 0,5 puntos de 2 en la pregunta, habiendo contestado adecuadamente todo el resto. Decidí obviar el mi niña. Le dije que de hecho teniendo un notable en el test era ilógico tener un 1 en la parte escrita, puesto que ambas partes del examen hablaban de los mismos conocimientos.
Se sigue dirigiendo a mí como mi niña. Nena, reina.
Me pregunta si he suspendido más asignaturas este cuatrimestre. Le digo que no entiendo el por qué de esa pregunta. Sonríe, me lo vuelve a preguntar y le contesto que sí, que este cuatrimestre he suspendido más asignaturas por una serie de problemas personales que no vienen al caso, pero que nunca antes había suspendido. No sé por qué le contesté a una pregunta que no era de su incumbencia, supongo que me sentí presionada. A día de hoy me arrepiento de haberle dado ese gusto.
Me sonríe y me pregunta si he superado ya mis problemas personales. Le digo que sí. Sigue refiriéndose a mí como reina y me hace sentir incómoda.
Me pregunta si entre las asignaturas que he suspendido se encuentra una asignatura X (prefiero no decir el nombre para no dar más datos). Le digo que sí. Estoy muy incómoda. Si alguna de las que me estáis leyendo sois obsesivas con los estudios como yo, entenderéis lo que me estaba suponiendo la conversación a nivel psicológico.
Sigue sonriéndome, pero a mí no me hace ni puta gracia. Me dice que si he suspendido su asignatura y la asignatura X, que podría ir con él y con su amigo X (al cual ni conozco ni he oído hablar nunca de él, tampoco es profesor en la universidad, pero al parecer se dedica a la asignatura X) a su puesto de trabajo. Que con sus consejos y los de su amigo seguro que en la siguiente convocatoria consigo aprobar.
Estoy muy incómoda y le contesto que se lo agradezco pero que no creo que necesite ayuda de nadie. Que he sacado toda la carrera sola y que eso no va a cambiar ahora. Sigue sonriendo y niega con la cabeza. Me contesta que le gustan las chicas como yo, que luchan por lo que creen, con salen de casa con las uñas afiladas.
Y llega mi límite. Le pregunto si eso es todo porque quiero irme de allí. Me dice que sí, que nos veremos en la próxima convocatoria. Que lo avise si finalmente me convence lo de su amigo y él. En ese momento ya estoy de pie y me siento empoderada, puesto que ya me estoy marchando y además he conseguido no derramar ni una sola lágrima en la media hora que he estado ahí. Le digo que no me espere con su amigo, que estoy muy tranquila porque tengo claro que mi examen está aprobado, aunque por alguna razón no se refleje en la nota. Sigue poniendo su asquerosa sonrisa y me dice que soy una mujer muy determinada. Me voy de allí.
Para alguien como yo, para quien los estudios y la propia independencia son de las cosas más importantes, esto supuso una humillación que a día de hoy sigue persiguiéndome.
Pero tiene gracia, porque al mismo tiempo me siento culpable. ¿Y si yo lo malinterpreté todo? Leo historias en el foro de chicas con problemas de acoso sexual que no puedo ni llegar a imaginar. Me siento culpable y avergonzada. Me avergüenza la posibilidad de haber malinterpretado todo y estar quitando tiempo a las personas con problemas reales. Me avergüenza haberle contestado a una pregunta personal a alguien que no se lo merecía. Me da muchísimo miedo y vergüenza la posibilidad de que la historia se sepa, él conteste y me desarme porque todo fue una malinterpretación mía. Al fin y al cabo, aunque en ese momento ya me encontraba mejor, yo no estaba pasando por un buen momento. Me siento culpable por tener que dejar de hacer lo que estoy haciendo cuando la historia me viene a la cabeza y me revuelve por dentro. Y por afectarme tanto una historia que, en comparación con la de otras, es prácticamente inexistente. De hecho, si lo dejamos abierto a interpretación, probablemente sea totalmente inexistente. Me he leído el texto que he escrito varias veces, y en más o menos la mitad he acabado pensando que no era para tanto.
Sé que es una historia larga y os agradezco las que hayáis leído hasta aquí. No tengo ninguna intención de hacer nada con ella, al menos de momento. Solo la he escrito para desahogarme. Me puede la culpa y la vergüenza de la posibilidad de que todo sea una malinterpretación mía y poner una sombra sobre la carrera de alguien que no se lo merece.
Muchísimas gracias por leerme.
Me encuentro mucho mejor.
Un abrazo.