Nunca fui la nieta perfecta. ¿Crecer en una familia pija y yo, una rebelde (bueno, ellos me llaman chonaca) con tinta en la piel? Nada encajaba.
Mi abuela era de la vieja escuela y mis tatuajes… bueno, eran como poner el crucifijo al revés cada vez que me veía. «Rosa, ¿quieres que te quite de mi testamento?» Me amenazaba,y yo me reía pensando que era rabieta… hasta que falleció el año pasado.
Cuando se fue, donó su pasta a cualquier cosa menos a mí. ¿El motivo? Mis tatuajes, mi «irrespetuosa extravagancia». Fue un palo, no solo por perderla, sino por el zas en toda la boca que me dejó.
Lo peor es que ahora mis padres amenazan con hacer lo mismo si me sigo haciendo tatuajes. Yo quiero hacerles ver que es mi vida y mis decisiones, que no soy una delincuente por llevarlos.. y que mi sueño es dedicarme profesionalmente al mundo de los tatuajes porque se me da bien y creo que puedo llegar lejos.
Ha sido un palazo porque el dinero que me iba a dejar mi abuela lo iba a usar para abrir un estudio de tatuajes y ahora me he quedado un poco en bragas…
Ayer hablé con mi madre y me dijo que está en mis manos, que ahora es «pronto» y que todavía no tengo demasiados (tengo 4 tatuajes, flipad), que si paro me pueden ayudar con el dinero para montar lo que me apetezca menos todo lo relacionado con tatuajes.
Estoy un poco entre la espada y la pared porque no os voy a negar que el dinero me iría de lujo, pero es que mi orgullo no me permite aceptar y me estoy volviendo loca con los consejos que me dan mis amigos.
¿Qué haríais?