Una nunca sabe lo que va a encontrar en la vida, está claro. Cuando crees que lo has visto todo -¡pam!- cosa nueva (buena o mala o ambas o ninguna). Éste es el tercer hilo que abro porque creo que ni yo misma sé dónde voy o qué mierdas estoy haciendo con mi vida. Empezaré por el principio de los tiempos: el año pasado. Justo un año ahora, terminé con una relación muy larga y muy estable (o lo parecía). Decidí cortar con todo, llevar a cabo proyectos que no había hecho porque no compaginaban bien con mi anterior vida -una ventaja de estar sola, supongo, que tienes más tiempo para ti-. Y logré -creo- superarlo con relativa facilidad gracias a mi obstinación en sacar a adelante mis cosas. El caso es que retomé el contacto con mucha gente con la que hacía años que no hablaba (me mudé y he vuelto hace un año en octubre), y realmente fue genial porque yo, pese a ser bastante asocial, necesito hablar con gente y mirarla a los ojos y esas cosas de la condición humana.
Volví a quedar con la pandilla de la universidad -en realidad, con mi amigo del alma nunca perdí el contacto y fue él quién me sugirió volver a quedar con todos-. Las cosas no habían cambiado mucho y no tardé en volver a sentirme en casa. Sí que había un cambio, por lo visto ahora una de los no-habituales de hace una década, era también asiduo lo cual a mí me dio un poco igual o tal vez me alegró porque nos dedicamos a lo mismo y a mí me encanta cambiar opiniones. El caso es que los meses fueron pasando y yo sentía que volvía a ser yo.
Un día mis amigos tenían una cena de cumpleaños a la que yo no estaba invitada (porque diez años pasan factura -y yo no conozco a ese nuevo amigo de mis amigos-) y me vi volviendo a casa temprano y sola un viernes. Cuando me despedía, el otro miembro satélite se despidió también e hicimos un trecho del camino juntos hablando de nuestras cosas. Nunca antes habíamos hablado a solas y nos entendimos tan bien y que decidimos cenar juntos, la cosa se alargó muchísimo y acabé volviendo a casa de madrugada, pero muy contenta. El caso es que a veces me arrepiento muchísimo porque a partir de ahí todo se volvió muy raro: cuando estábamos con el grupo apenas me hablaba y no era capaz de mantenerme la mirada. Me sentó bastante mal porque mi autoestima no está para tirar cohetes (no lo ha estado nunca, para qué mentir) y me rallé infinitamente pesando que había hecho algo malo. El caso es que por internet sí que teníamos conversaciones largas e interesantes y me descolocaba (¡me descoloca!) mucho esta extraña disyuntiva. Mi amigo, el de siempre, me decía que no podía tener una relación de amistad normal con este muchacho porque era muy introvertido y le costaba mucho. Por aquí me dijeron que era un bros before hoes, mis amigas por Skype me dijeron que ese tío era un raro y siempre lo había sido. Bien.
Pues resulta que servidora se ve que es gilipollas porque no contenta con eso, me esforcé aún más. Quedamos una vez para tomar café y no se presentó. Me sentó fatal. Seguimos viéndonos a menudo, volvió a hablarme normal. Le propuse ir a cenar juntos, aceptó. Se presentó… con mi amigo. Cenamos los tres y lo pasamos genial. Mi amigo se fue porque tenía que madrugar al día siguiente, empezó a llover, mi casa estaba cerca. Fuimos a mi casa, subimos en el ascensor muertos de risa por la situación. Charlamos hasta las tantas, no se fue cuando dejó de llover si no mucho después. Volvimos a quedar otra vez. Y otra. Y otra más. Confieso que igual es raro pero nunca pasó nada más. No creo que yo estuviera preparada y me gustó el no sentirme presionada de ningún modo. Yo pensaba que era mutuo pero volvió a estar raro. Raro en general. Por aquí me dijistéis que lo mandara a la mierda. Mi mejor amiga, desde las Américas, me dijo que pasara de él. Lo hice. Sin embargo me dolió bastante. Me dolía mucho, además que ni siquiera me hablase cuando estábamos con los demás. Siguió viniendo igualmente a portarse como una ameba, eso sí. El viernes reventé. No podía más. Se lo solté todo ante el último desplante y se marchó. Si hubiera sido un perro, hubiera huído con el rabo entre las piernas. Los muy imbéciles de mis amigos me dijeron que me había pasado con él, que pobrecito. ¡¿Y yo qué?!
El domingo le escribí porque me sentía fatal. Vino a mi casa. Me confesó que le doy miedo. No entiendo nada. Sencillamente resulta que no se cree que yo pueda tener algún tipo de interés en su persona así que se limita a vivir el momento y luego es como que no se acaba de creer lo que le ha pasadoy tiene miedo a que yo me burle o algo así. NO LO ENTIENDO. ¿Cómo puede pensar eso? Es absurdo. Tenemos más de treinta años ambos, yo creía que estas cosas pasaban cuando tienes quince y no sabes gestionar tus emociones. El caso es que hemos hecho las paces… Un par de veces. Y estoy confusa.
¿ME PUEDE DECIR ALGUIEN QUÉ COJ… PASA?
Mi amiga me dice desde Seattle que soy gilipollas (bueno, fue más amable, pero en resumen…). Probablemente tenga razón.