No sé. Tengo más de 30. Aparento menos, sí, pero qué más da eso. No es verdad. Sigo teniendo más de 30 y un número finito de ovocitos, como todas (lo cual no me preocupa porque quiera ser madre, ya que no es ese mi deseo; más bien me preocupa la inevitable transformación menopáusica). Tengo miedo y nada más. De verdad, no tengo nada más. A ver, sí, joder, tengo cosas. Cosas de verdad. Tengo familia, tengo pareja, tengo salud física, no paso hambre. Y, por qué no, tengo algunas virtudes y habilidades. Pero no puedo moverme. Estoy paralizada. Tengo miedo desde que respiro. Tengo miedo de todo. Es que ni siquiera puedo explicarlo aquí en un mensaje anónimo y corto. Ni siquiera va ser tan corto. Es demasiado. No busco nada, solo estoy vomitando. Soy profundamente imbécil pero no tanto como para no percatarme de ello. Envidio a los imbéciles que no son conscientes de su condición. Que se dejan llevar, que no lo hiperanalizan todo, que viven. A veces. Los envidio a veces. Pienso en matarme y al mismo tiempo temo morir. Soy hipocondriaca. Soy gilipollas. Y, Dios mío, anteayer tenía 13 años. Juraría que no sabía saltar tanto. Me odio con fervor. No tengo nada que hacer ya, ¿verdad? El mundo está lleno de ojos, no quiero mirar. Me está dando asco lo que estoy escribiendo. No me reconozco. Adiós.
El fango es más cómodo, diria.
Viendo 2 entradas - de la 1 a la 2 (de un total de 2)