Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Parece que el hecho de elegir un compañero de vida con quien estemos bien es algo fácil, nos enamoramos, nos lo pasamos bien con esa persona, esa persona nos corresponde, nace el amor y nos comprometemos. Hasta ahí, todo bien. También es cierto, que antes de comprometernos con alguien deberíamos estar seguras de si esa persona encaja con nosotras en muchas otras cosas, en ámbitos tan importantes como son los valores, el tiempo que dedican a la pareja, lo que son capaces de hacer en casa, si son activos, si encajan con nosotras en muchos otros aspectos como en el sentido del humor, la cultura, el ocio, y sobre todo, el trato. No pasa nada si nos equivocamos, podemos elegir a alguien que pensamos que será un buen compañero de vida y luego ver que no lo era. Todos tenemos derecho a errar y a subsanar nuestros errores: nos podemos separar y aprender de ellos.
Lo que me cuesta mucho entender es el hecho de lanzarnos a la piscina para procrear con alguien a quien apenas conocemos. Y lo que entiendo menos es que estemos con alguien a quien le veamos mil banderas rojas o que le fallan aspectos tan importantes como el cuidado hacia nosotras, el respeto, el compromiso o la colaboración en el hogar y que busquemos un hijo con esa persona. Lo siento mucho porque sé que muchas no estaréis de acuerdo en ello, y diréis que si nosotras somos buenas madres, no es nuestra culpa que ellos sean malos padres. No, está claro que no es nuestra culpa, nosotros no podemos hacer que ellos ejerzan su rol de una forma u otra, pero sí es nuestra responsabilidad elegir a alguien que sepamos que aunque nuestra relación no funcione podrá ser un buen padre.
Es cierto que muchas veces no se sabe cómo actuará nuestra pareja cuando tengamos un hijo, puede ser que pensemos que será un padrazo y que realmente luego nos demos cuenta de que nos hemos equivocado. Eso es totalmente normal y nos puede pasar a cualquiera. Sin embargo, no entiendo a aquellas personas que saben que su pareja tiene unos defectos concretos, que no casan con ser buen padre o con ser buena persona y que aun así nuestras ganas de tener hijos prevalezcan sobre ello. Sinceramente, eso sí me parece una irresponsabilidad, porque a pesar de que después podremos separarnos e incluso quedarnos nosotras con la custodia, ese niño o niña tendrá a esa persona de padre, tendrá su mal ejemplo, sufrirá sus desplantes y seguramente le cause algún tipo de daño emocional que sí podríamos haber evitado.
Por otro lado, tampoco entiendo que haya mujeres que se quejen de que todos los hombres son iguales solo porque el padre de sus hijos no les ayuda nada en casa, porque es un fiestero que solo piensa en salir o porque no tiene paciencia con su bebé, cuando antes ya era una persona con mal carácter, una persona que se iba de juerga día sí y día también o un vago que no hacía nada en casa. En esos casos no entiendo que una se victimice de haber tenido un hijo con este tipo de persona sin haber pensado antes en las consecuencias de ello, ya no solo para una misma, sino para la persona que se supone que más se quiere en el mundo.
Así pues, creo que nuestra responsabilidad como madres es proteger a nuestros hijos incluso antes de tenerlos y eso pasa por protegerlos de un padre que pueda causarles algún tipo de daño emocional o que haga la maternidad más complicada de lo que ya puede serlo en un entorno normal. La culpa de que un mal padre no sepa responsabilizarse de forma correcta de su paternidad, no es nuestra, pero sí lo es haberlo convertido en el padre de nuestra criatura si ya conocíamos sus carencias.
