Solo os pido que no seáis duros conmigo. Ya lo estoy pasando bastante mal.
Tengo 45 años y mi pareja me dejó a finales de mayo. Estuvimos juntos desde que yo tenía 32, pero nuestra historia empezó mucho antes. Nos conocimos a los 25. Yo estudiaba Magisterio, especialidad en Francés, aunque sin mucho interés. Él ya trabajaba como ingeniero. Le gusté desde el principio, pero yo iba detrás de otro perfil: más intensos, más problemáticos, más capullos… para qué mentir. Él era bueno, tímido… y no supe valorarlo.
Años después, tras haber estado trabajando en Francia, volvió y nos reencontramos. Ya no era la misma. Aprendí por las malas qué trae consigo estar con capullos, y esta vez sí vi lo que él ofrecía: valores, estabilidad, cariño sincero. Empezamos a salir, y al poco ya vivíamos juntos. Me sentí querida, protegida. Yo le quería, sí, pero ahora veo que él me quiso más.
No tuvimos hijos ni nos casamos, fue algo acordado. Y aunque todo parecía estable, ahí empezaron mis errores. No terminé la carrera, pero con idiomas y contactos familiares empecé a trabajar en un hotel. Mileurista desde el principio al final. No era ambiciosa. Me acomodé. Él ganaba bien, y yo me dejé llevar. Lo reconozco. Ya me advertía mi hermana que no me confiara tanto, pero no la escuché…
Hace cuatro años me despidieron. Hubo una movida muy gorda en el hotel, sería muy largo de explicar. Desde entonces he ido encadenando trabajos precarios, sin motivación. Él insistía: “Estudia, haz una oposición, termina la carrera, yo te apoyo”. Lo intenté… pero más para que dejara de insistir que por verdadera convicción. Y claro, así no funciona. Al principio me ponía, pero al poco lo dejaba. Me desanimaba rápido. Daba por hecho que mi vida estaba resuelta.
Él se hartó. Ya veníamos arrastrando problemas. Me decía que se sentía más como un padre que como una pareja. Que estaba cansado de verme sin ganas, sin ambiciones, dejando pasar la vida. Me dio muchas oportunidades, pero siempre acababa abandonando lo que empezaba.
Y antes del verano se acabó. Yo, ilusa, pensé que volvería. Ya lo había hecho antes. Pero esta vez no. No vamos a volver. Lo sé. Y sé también que ha empezado a salir con alguien (después de la ruptura). Así que la puerta está cerrada. Y bien cerrada. A cal y canto. Con tres candados de los gordos. Tuve que irme de casa —era suya— y ahora estoy viviendo con mi hermana. Tiene espacio, no hay problema, pero sé que no puedo quedarme aquí indefinidamente. Estoy perdida. Todo me asusta. Me doy cuenta de que no sé hacer casi nada sola: él se encargaba de todo. La vida cotidiana se me hace un mundo. No os podeis imaginar. No sé cómo he podido llegar a este punto, dejando que él hiciera todo por pura comodidad.
Pienso en irme a Francia, Bélgica o Reino Unido a trabajar, aprovechar que tengo idiomas, intentar empezar de cero. Pero no sé ni por dónde empezar. Solo sé que tengo unos 25.000 euros en el banco, y que estoy completamente desorientada.
Si alguien ha pasado por algo parecido y ha logrado salir adelante, agradecería leer vuestra historia. O algún consejo. Lo que sea.
