Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Yo llevaba poco tiempo en el trabajo, pero desde el principio vi que Loreto siempre estaba sola y no hablaba con nadie. Y lo cierto es que no entendía por qué; parecía una mujer de lo más normal y cariñosa, siempre estaba sonriendo y a mí particularmente, me trataba muy bien. No es que nos hiciéramos amigas de la muerte pero sí que charlábamos con bastante frecuencia y, después de un tiempo, empezamos a coger bastante confianza la una con la otra. El resto de mis compañeras, con las que sí tenía lo que puede denominarse como una amistad, me advirtieron al ver que cada vez me acercaba más a ella. Me dijeron que yo podía hacer lo que me diera la gana y juntarme con quien quisiera, pero que Loreto no era una buena persona. Yo la miraba y no entendía nada, no comprendía qué podía haber hecho aquella mujer tan amorosa, ya que sólo me decían que terminaría dándome cuenta por mí misma. Después de mucho insistir, conseguí que, con el tiempo, me contaran qué había pasado.
Resulta que, hacía mucho tiempo, todas habían estado muy unidas a ella, pero que un día a Loreto le pitó el bolso a la salida del trabajo y los de seguridad le pidieron que les enseñara qué llevaba en él. Tenía una cartera de la tienda aún con la alarma metida entre sus cosas y cuando la pillaron, acusó al resto de habérsela guardado allí adrede para que la despidieran. Se armó una buena e incluso dio los nombres de mis compañeras para incriminarlas a ellas, pero al final todo quedó en nada porque después de revisar las imágenes de las cámaras, no se pudo comprobar que lo hiciera ninguna de ellas. Era por eso que nadie le dirigía la palabra, a excepción de un puñado de personas que, como yo, aún no estaban en la empresa cuando sucedió aquello. Aún así, sabiendo lo que sabía, no me alejé de ella, porque pensaba que, al fin y al cabo, a mí no me había hecho nada malo.
Con el paso del tiempo, pude ver con mis propios ojos que había ciertas cosas que, aun llevando años en la empresa, no tenía ni idea de cómo hacer. Cosas súper básicas que yo había aprendido a los pocos días de empezar allí. Cuando llegaba el momento de hacerlas, siempre (sin excepción) me pedía ayuda y, en lugar de poner interés en aprender, era una servidora quien terminaba haciendo sus tareas. La verdad es que en el fondo pensaba que la tía tenía bastante morro y que no aprendía a hacerlo ella misma porque no le daba la gana, pero era algo sencillo y tampoco me costaba nada echarle una mano. También empecé a ver cómo criticaba a mis compañeras y trataba de ponerme en su contra además de hablar mal de todo el mundo, incluidas las pocas personas con las que parecía llevarse bien.
Nunca dejé de hablar con Loreto ni de ayudarla cuando me lo pidió, era consciente de que era una persona bastante falsa, que se relacionaba con algunas personas por puro interés, pero en el fondo me daba pena verla siempre tan sola. Un día Eli, otra de las chicas que hasta ese momento se había llevado bien con Loreto, discutió con ella. Resulta que esta chica le había contado en confianza que una compañera nueva de su departamento era bastante holgazana, que le daba mucho apuro decirle nada pero que no hacía su trabajo y que siempre era ella quien tenía que enmendar sus errores. A Loreto le había faltado tiempo para ir corriendo a contarle a la chica en cuestión lo que Eli le había dicho de ella y otras tantas cosas más que se había inventado. Había provocado una fuerte discusión entre estas dos chicas y cuando Eli echa una furia fue a pedirle explicaciones, ella negó tener nada que ver y para más inri, le retiró la palabra.
Fue entonces cuando Eli, muy dolida con la que hasta entonces había sido su compañera de confianza, nos contó a las demás que Loreto nos ponía verdes a todas, incluso a mí. Al principio no quiso entrar en detalles, simplemente se limitó a advertirme de que no era trigo limpio, pero días después, cuando supo que Loreto seguía inventando y rajando sobre ella, me contó que durante aquellos meses Loreto se había dedicado a reírse de mí, a compararme con una vaca por el septum que llevo, a burlarse de las cosas que le contaba sobre mi vida personal incluyendo la muerte de un familiar, a decirles a las cuatro
personas con las que tenía trato que era una pusilánime y que me tenía «domada». Me sentí la persona más estúpida de la Tierra por no haber hecho caso a mis compañeras cuando me advirtieron, por haber ayudado incondicionalmente a una persona así.
Me sorprendió que sus críticas también estuviesen dirigidas a mí, cuando era la única tonta que le había salvado el culo en numerosas ocasiones y que, a pesar de que nadie quería tener nada que ver con ella, yo había seguido ahí. No quise preguntarle, ni saber qué posible explicación tendría preparada y quizá fuese un poco infantil por mi parte, pero dejé de hablar con ella ipso facto y empecé a comportarme como si no hubiese existido nunca. Supongo que sabía perfectamente lo que había pasado, porque en ningún momento vino a preguntarme por qué había cambiado tan radicalmente con ella, es más, he sabido que para ella, la mala de la historia soy yo. Desde entonces, cuido mucho a quién le cuento mis cosas y cada vez que llega una chica nueva, le advierto claramente sobre Loreto, quien sigue más sola que la una.
Mar Martín.
