Anche salí con mis amigas lo típico, teníamos ganas de vernos, de desconectar un poco de la rutina de reírnos un rato. Estábamos en un bar que solemos ir de vez en cuando, pedimos unas copas y me ofrecí a ir yo a la barra a por la siguiente ronda. Y ahí estaba yo esperando con mi monedero en la mano y pensando en cualquier tontería, en lo bien que lo estábamos pasando, en lo bien que me había sentado salir por fin.
Y entonces se me acerca un tío. Iba solo. Ni siquiera parecía que estuviera de fiesta, estaba ahí, plantado, y sin ningún tipo de aviso va y me suelta
«Eres la tía más fea que he visto en mi vida»
Me quedé ahí parada. Solo noté un calor subiéndome por el cuello y las ganas de llorar ahí mismo, delante de él, delante del camarero, delante de todo el mundo. Pero me aguanté.
Cogí las copas, volví con mis amigas y les dije que me dolía la barriga. Que me iba a casa. Mentí, claro. Lo que me dolía era el alma, el orgullo, la autoestima, no sé. Algo dentro de mí se rompió un poquito más aunque intento convencerme de que no de que son solo palabras.
Pero es mentira. No son solo palabras. Son cuchillos.
Y lo peor es que no es la primera vez. No es la primera vez que un tío así, solo, aburrido, se cree con el poder de acercarse y decidir que su opinión sobre mí merece ser dicha en voz alta. Que su desprecio es algo que yo tengo que tragarme porque sí. Porque le ha salido de ahí.
Todavía no entiendo qué ganan con eso. ¿Se sienten mejor? ¿Más hombres? ¿Más fuertes? ¿O simplemente disfrutan viendo cómo te deshaces por dentro mientras tú intentas poner cara de que te da igual?
Hoy me he levantado rara. Triste. Como si todo lo que he trabajado para quererme se hubiera ido al carajo en un segundo. Aunque sé que no es verdad aunque sé que solo es un mal día. Pero joder, cómo cuesta.
No sé ni por qué escribo esto. Supongo que porque necesitaba soltarlo en algún sitio. Porque todavía sigo sin entender por qué hay gente que va por la vida con ganas de joderle el día a alguien.
Y nada solo eso. Que hoy estoy un poco rota. Pero sé que mañana estaré mejor. O eso intento creer.
