Amigos de amigos me presentaron a un chico guapísimo del que me quedé prendada en el mismo instante. Conectamos enseguida y más o menos, empezamos una relación. Era todo perfecto, él era súper romántico, encantador y atento. Estaba pendiente de mí, me escribía cuando no estábamos juntos, todo ideal. Lo único que veía medio extraño es que, a pesar de tener un trabajo, solía quejarse de no tener dinero en muchísimas ocasiones pero tampoco me importaba pagar a mí si íbamos a cenar o al cine. Otras veces, me sorprendía y me traía regalos. Creía que eran para compensarme por todas esas veces anteriores y así, durante un año. El mosqueo vino por dos lados.
El primero, porque todos los artículos que me traía eran de la misma tienda y, por otro lado, empecé a sospechar si ese dinero venía de vender sustancias ilegales, cosa en la que, afortunadamente, me equivocaba. Tengo que decir que también soy un poco ingenua y que me creo todo lo que me dicen, así que cuando le pregunté que por qué eran todas de esa tienda, me dijo que porque le quedaba cerca de su casa y de tanto que iba su madre, le hacían hasta un descuento, no sé qué.
Bueno, me pareció verosímil, pero a mi amiga no, desde el momento en que se lo conté. Buscó dónde estaba la tienda, a unos 20 Km de mi casa, y nos fuimos varios días a ver qué se cocía allí. Espiábamos desde el bar que estaba frente al establecimiento en cuestión, observando quién trabajaba, entradas y salidas y a distintas horas, para controlar los cambios de turno. Yo me sentía ya una loca obsesionada, pero cuál fue mi sorpresa que el último día de mi investigación personal, lo vi llegar de la mano de otra chica.
Entraron en la tienda y salió, al rato, él solo. Yo me quería morir, la ansiedad se apoderó de mí, empecé a llorar y no entendía nada de lo que estaba pasando. Mi amiga no podía desaprovechar que estuviésemos allí y entró a hablar con la chica y al salir, me pidió por favor que la acompañara dentro porque teníamos que resolver este asunto ya. Resulta que era su novia formal desde hace tres años y medio. La otra era yo. Los regalos que me había hecho eran algunos de su propia novia y otros, robados de la tienda. No vivía con su madre, vivía con ella. Mi mundo se desmoronó y, encima, tenía que confrontarlo. Durante una semana no fui capaz, lo bloqueé de redes sociales, mensajerías y de todo y, gracioso él, me enviaba bizum de cincuenta céntimos para pedirme perdón y decirme que lo llamara, porque era la única forma de contactar conmigo. A los siete u ocho días me armé de valor, lo desbloqueé y le mandé un Whatsapp.
Vino a verme y me dio dos millones de explicaciones, diciéndome que estaba enamorado de mí, que estaba con ella porque no podía permitirse vivir solo, que ella le pagaba cuentas pero no la quería…y lo mejor de todo, es que me propuso que siguiéramos la relación a espaldas de su novia, porque ¡seguían juntos! Vamos, con el dolor de mi alma y más hundida que nunca en mi vida, lo rechacé y lo desaparecí de mi vida de un plumazo. Nunca más fui a hablar con la chica, no sé si era verdad que seguían juntos o no, pero si así fuese, tengo claro que yo no fui la primera y la tipa es una pobre diabla.
