@May no me gusta ser dura con las personas que escriben aquí porque sé que pueden tener problemas gordos y necesitan ayuda antes que reproches, pero TIENES MÁS RAZÓN QUE UN SANTO. Se está portando como una egoísta a quien le importa más su chute de nicotina que la salud y la vida de su propio hijo. Luego, cuando el bebé tenga asma o alergias, o respire mal, se echará las manos a la cabeza y dirá lo culpable que se siente y que nunca se lo perdonará, mientras se empura otro truja.
Os diré: mi madre nunca fumó, pero mi padre sí. Era de dos paquetes diarios y puros, pipa, los puritos Reig… y a él nunca le pasó nada. Tenía los catarros algo más fuertes, tosía mucho, pero nunca le dio nada. A él. A mí, sí. Nací con los pulmones inmaduros pese a no nacer prematura. Tuve asma, insuficiencia cardiorrespiratoria, apenas podía correr con los demás niños porque me ahogaba. Y teniendo yo como ocho años, el médico se lo dijo a mi madre: «no busque la culpa de los males de su hija en usted, en su genética o en que la niña tenga mimo o sea flojita. Búsquelos en la cartera de su marido, que no puede ni esperar en el ambulatorio veinte minutos sin salir a meterse el bocadillo de humo. Usted respiró tabaco durante todo el embarazo y por ende, la niña también. Tiene los pulmones de una fumadora de cuarenta años, y dando gracias que no le pasa algo peor».
FUMAR ES UN VENENO MORTAL. Y oye, tú eres adulta, mátate como quieras, pero ahora mismo no hablamos de ti. Hablamos de un bebé que depende de ti para todo. Y le estás envenenando. Voy a serte muy franca: ser madre implica SACRIFICARTE, OLVIDARTE DE TI MISMA, CONVERTIRTE EN UN SECUNDARIO DE TU PROPIA VIDA en pro de otra persona. A partir de ahora, ya no cuentas tú. Cuenta el bebé. Vas a tener que olvidarte durante varios años de cosas como hobbies, carrera profesional, realización, formación (y tu pareja también, que no se le olvide), e incluso cosas como sueño durante siete horas seguidas y hasta intimidad para ir al baño. La vida te ha puesto delante del primer sacrificio que vas a hacer por tu hijo. Y no eres capaz, ni aún sabiendo que está en juego su salud y su vida. Quizá deberías planteártelo más. Si no puedes ni hacer esto por él sabiendo lo que está en juego, lo mismo no deberías ser madre.