No dudo que la juventud siempre sea más atractiva que la vejez, pero hay muchas personas que somos como el vino y mejoramos con los años. No me da vergüenza decir que estoy más buena ahora que hace veinte años. A mis veinte y pocos, comía fatal, no practicaba deporte, y a pesar de no sobrarme quilos, no tenía buen cuerpo, nunca me había interesado cuidarme y estaba tan enfrascada en mis estudios, en salir de fiesta y en vivir la vida, que pensaba que siempre iba a ser joven y no paraba de comer a deshoras, de una manera totalmente desequilibrada, bebiendo alcohol todos los fines de semana y yendo de la silla, al sofá y del sofá a la cama.
Cuando pasé los treinta, empecé a engordar y puede que me volviera algo más superficial, pero empezó a no gustarme mi cuerpo. A pesar de reducir mis días de fiesta y cuidarme algo más la alimentación, seguía sin gustarme demasiado. Supongo que al ser joven no le daba importancia al físico porque es tan fácil conocer gente y gustarte por todo lo bonito que tiene la juventud, que no te hace falta nada más.
Pasados los 35, me apunté al gimnasio. Encontré estabilidad en el trabajo y conseguí tener unos horarios que me ayudaron a tener más tiempo libre para coger una rutina de deporte. A partir de ahí, también empecé a tener una dieta más equilibrada, y empecé a cuidarme la cara, a protegerme del sol, a tener una rutina de limpieza facial y a ponerme cremas donde nunca antes me había puesto.
Ahora, pasados los 45, puedo decir que estoy mucho mejor que a los 25. Sé que no tendré la juventud ni la piel tersa de una persona de 25 años, pero tengo mucho mejor cuerpo que mi yo de esa edad, que es lo que realmente importa. No quiero expresarme como si esto fuese una competición entre chicas jóvenes y cuarentonas, simplemente me comparo conmigo misma, con mi yo de hace veinte años y estoy orgullosa de mis progresos. El deporte es una disciplina, la dieta también requiere de fuerza de voluntad, y me siento feliz de ver que me he convertido en una persona más disciplinada y con más fortaleza. Y eso, amigas, se transmite en todos los ámbitos de la vida. Profesionalmente, me veo realizada, también he luchado mucho para llegar donde estoy, y ahora proyecto la imagen de una mujer segura que sabe lo que quiere y lo que vale, no solo por mi aspecto físico, sino porque este aspecto lo he conseguido gracias a la constancia, igual que los otros éxitos de mi vida.
Con ello, no quiero decir que tengamos que estar mejores con esta edad que con veintitantos, creo que eso no es realmente importante. Lo que quiero expresar es que se puede seguir siendo atractiva a partir de los 40, se puede empezar una rutina de cuidado a partir de cualquier edad, sintiendo que estamos todavía en la flor de la vida. Algunas personas criticarán que a ciertas edades le demos importancia a nuestro físico, pero no es solo algo estético, si nos cuidamos, si hacemos deporte, si hacemos ejercicio de fuerza, si vamos a correr por la montaña o salimos en bicicleta, todo ello nos ayudará en un futuro a ser más saludables, a fortalecer los músculos, a desestresarnos y a sentirnos bien con nosotras mismas.
No recuerdo que a mis veinte no me sintiera bien con mi físico, pero no me sentía bien en muchos otros aspectos personales, y no tenía la fuerza de voluntad que he ido adquiriendo con los años y que es necesaria para tener una buena salud física y mental.
Así pues, solo puedo decir que a mis 45 me siento más plena que nunca, más guapa, más estable, más feliz y más segura que nunca. ¿Alguna más?
