Estoy hecha polvo, con una ansiedad terrible. No duermo.
Tenía una amiga desde los 19 años; nos conocimos en la universidad, estudiábamos una carrera de Letras Puras, imagínate. Desde el principio congeniamos: nos encantaba el rollo culturista, ir a la filmoteca, a exposiciones, cada semana a la biblioteca… Las dos éramos de izquierdas, como correspondía a nuestra clase social y a nuestro entorno académico. Ella vivió varios años en el Reino Unido y yo en Alemania, y aun así siempre mantuvimos la amistad.
Durante 20 años, nuestra relación se mantuvo fuerte. Ella volvió a nuestra ciudad y yo me quedé en el extranjero, pero nada cambió: nos veíamos en Navidad y en verano. Las dos somos profes y tenemos dos meses de vacaciones.
Hace unos dos años, ella conoció a un chico que es portavoz de un partido de extrema izquierda en nuestra ciudad. Me parece un “vendemotos” total: habla de lucha obrera siendo que sus padres son ambos abogados y sindicalistas, y él nunca ha tenido un trabajo duro en su vida. En cuanto terminó la carrera, consiguió un puesto gracias a las influencias de sus padres. No daré nombres porque no quiero herir sensibilidades, pero ha perdido totalmente su criterio propio. Yo siempre he sido de izquierdas y, aunque he ido adoptando posturas más conservadoras, siempre he mantenido el respeto por algunos valores de la izquierda.
Pues en febrero me fui a mi ciudad, eran la pausa del semestre de invierno, y tuve un mes libre, cenábamos juntas y, a raíz de un pequeño comentario, se armó la mayor discusión. Simplemente dije que no estaba de acuerdo con la regularización de todos los inmigrantes, porque creo que puede generar efecto llamada; no dije nada más, no insulté a nadie ni falté al respeto. Pero ella se puso como loca, diciendo que estaba harta de mis comentarios “fascistas”. Yo flipaba.
Me preguntó cómo me atrevía a hacer comentarios así siendo yo una inmigrante. Le respondí que no era lo mismo, porque yo había llegado con contrato y pagado impuestos desde el primer día. Y allí explotó. Se puso como una fiera. Había más gente presente; incluso le dijeron que se tranquilizara. Finalmente, se fue. Ojala me hubiese callado, ese comentario arruinó nuestra relación
Después, me mandó un mensaje diciendo que no quería rodearse de gente como yo. Estaba tan enfadada que decidí dejar pasar unos días; además, me tenía que volver a Alemania. A los diez días le escribí y no me contestó. Le volví a escribir y me bloqueó. Antes de bloquearme, me dijo que no quería saber nada de mí y que me olvidara de ella, que no quería ningún tipo de relación.
Me dio un miniataque de pánico y la llamé dos veces más. Entonces también me bloqueó mi móvil alemán. A ese número, además, me envió un mensaje diciendo que era en serio y que no la molestara más.
