Hace seis años, más o menos, estuve con un chico que me maltrataba psicologicamente y me he dado cuenta con el paso del tiempo y tras escuchar o leer las experiencias de otras chicas. Era el típico príncipe de cuento y yo estaba mucho más que ilusionada con esta relación, ya que era mi primera pareja formal/seria.
Conforme pasaban los meses, cada vez me controlaba más: me prohibió usar el móvil cuando estábamos juntos, de hecho, me llego a quitar el móvil y esconderlo para que no pudiera hablar con nadie; no quería que me relacionase con mi mejor amiga porque decía que solo buscaba terminar con nuestra relación y que estaba celosa de ello; no quería que me hiciese tatuajes ni piercings, ni nada en mi cuerpo porque decía que eso, a él, no le gustaba; venía en mis descansos de clase para traerme el almuerzo y estar con él, era su forma de controlar mi comida y a mí misma.
Pero, una vez, quedé con mis amigas para salir de fiesta y cuando estábamos de botellón, recibí un mensaje de él diciéndome todo lo que estaba haciendo y, de repente, le veo aparecer con todos sus amigos. Había hablado con una de mis amigas para preguntarle dónde estábamos y convenció a todos sus amigos para salir de fiesta y, así, poder controlarme. A parte de eso, también era un mentiroso compulsivo. Le pillé conversaciones subidas de tono con una de sus exs y me dijo que no había sido él, que había sido un amigo suyo haciéndose pasar por él. Llegó a convencer al amigo para que me dijera que había sido él y todo.
Os preguntaréis que cómo no lo vi antes y demás. De hecho, me encaré muchísimas veces con él, plantándome y diciéndole que yo hacía lo que quería (con respecto a los piercings y tatuajes) y que si no le gustaba, que se terminaba la relación. ¿Su respuesta? Es que no le quería de verdad si pensaba así. A lo que yo le respondía que si de verdad me quisiera, no me pondría limitaciones y ya empezaba con sus comentarios lastimeras y a intentar darme pena. Así, con todo.
La relación, por suerte, duro sólo un año e intenté dejarlo varias veces pero siempre venía a donde estuviese y montaba escenas de películas romanticonas al estilo americano para que le perdonase: entraba en mi edificio, me dejaba un reguero de notas, fotos y cajas con chuches para disculparse o venía todo demacrado, llorando, para que le diese una segunda oportunidad.
Cuando decidí terminar con la relación, tenía en mi casa un montón de cosas suyas en mi casa y le pedí, varias veces, que viniese a por ellas porque no quería tenerlas más en mi casa. Cada vez que se lo decía, me daba largas, se inventaba cualquier excusa para no venir. Al final, mi hermana me llevó a su casa y se las subí. Me abrió la puerta su madre y ya os podéis imaginar lo que me dijo… Conforme salía de su casa, me mandó un mensaje diciéndome que hacía yendo a su casa a llevarle sus cosas, que ya me había dicho que iba a venir él a por ellas y le contesté: «Como veía que no tenía las narices de venir a mi casa por TUS COSAS, he tenido que traértelas yo. Por cobarde».
Luego me enteré de que estaba en su casa, con su nueva novia con la que había empezado una semana antes de dejarlo nosotros.
Después de esto, intento ver el lado positivo y me quedo con que, después de esta experiencia, sé muy bien lo que quiero en una relación y que no y lo que es un amor sano y lo que no.