Hola guapos y guapas. Os escribo con la esperanza de que me deis un poquito de luz.
Os cuento, hará cosa de unos 3 meses empecé a conectar con un compañero del curro bastante más mayor que yo (yo 32 y el 50). Hablamos a diario por Instagram, por WhatsApp, luego empezamos a salir a tomar café y después a cenar por las noches. A lo mejor en una semana salíamos tres veces solos y nos íbamos cuando el restaurante cerraba.
Me escribía al llegar a casa tipo: la felicidad es cenar contigo un martes noche. La conexión era brutal y yo, que por pava y porque mi autoestima no es muy buena, jamás pienso que le pueda gustar a un chico, aquí llegué a creérmelo. Me hacía regalos, me halagaba, mensajes super bonitos todos los días hablando por WhatsApp, audios, fotos, si yo le decía que estaba guapo de rojo, se vestía de rojo, cuando nos veíamos me abrazaba muy fuerte y largo, me besaba en la mejilla, una vez me cogió de la cintura andando por la calle, cuando estábamos trabajando me mandaba Whatsapps aunque estuviéramos en la misma sala y cuando se iba de viaje por trabajo siempre avisaba de su llegada, me escribía al llegar al hotel etc.

Es verdad que a mí me extrañaba que no daba el paso de besarme pero pensé que podía ir a su ritmo. El caso es que todo iba genial y a pesar de mis dudas mis amigas, mi terapeuta y demás me decían que las señales estaban ahí y mis miedos eran por mis inseguridades. Hace un par de días me comentó que se iba de vacaciones con una amiga especial y no pude aguantarme y le confesé que me había enamorado de él. Le pregunté si de verdad no sé había dado cuenta y su reacción fue de incredulidad máxima y me dijo que para el, solo soy una amiga y que había malinterpretado todo. Le dije que necesito tomar distancia de él y me dijo que le daba mucha pena perderme como amiga. En esta conversación, que duró muchísimo el no paraba de morderse las uñas y de rascarse los brazos hasta hacerse sangre. Estuvimos cogidos de la mano, acariciandonos las manos hasta que cerró la cafetería porque sabíamos que levantarnos de la mesa era decirnos adiós y no queríamos. Nos abrazamos dos veces, fuerte y largo y me besó en la mejilla antes de irse, como siempre. Hasta septiembre no tendré que verlo en el trabajo.
Llevo unos días absolutamente destrozada. Sólo quiero dormir, no puedo comer y apenas bebo. El no me ha escrito porque yo le pedí distancia pero lo echo muchísimo de menos aunque solo sea como amigo y siento la tentación de escribirle. No salgo de casa y estoy abusando del diazepam y pastillas para dormir y sé que no puedo seguir así pero no me puedo ni levantar de la cama. Estoy en contacto diario con mi psicóloga pero estoy desconcertada, me siento vacía y no sé qué sentir hacia él y me da miedo llegar a odiarlo. ¿Ha jugado conmigo o yo me he montado una película porque soy una cría sin experiencia? ¿Creéis que podré verlo como un amigo algún día? ¿Qué puedo hacer para salir del pozo?